sábado, 7 de junio de 2014

LA ANTICUARIA

La magia de los libros leídos.


Libreria La Anticuaria en 1964 foto de Digar

LA ANTICUARIA 

Eran las cuatro de la tarde cuando llegué al sitio donde queda la librería La Anticuaria en la plazuela de San Ignacio. Ya no está en el mismo local que conocía y que ahora ocupa una peluquería, ahora está en el segundo piso del mismo edificio y se accede por unas escalas que conducen a ella. No sabía si aún encontraría ese ambiente que percibí  cuando aún Don Amadeo Pérez, su fundador,  la atendía.

Toqué entonces el timbre pues la puerta estaba cerrada en ese momento, pensé que a lo mejor había perdido el viaje.

Mientras  esperaba que alguien abriera la puerta organizaba mis ideas para que en mi entrevista no quedara por fuera ningún detalle y recordé lo que había leído la noche anterior sobre la anticuaria en la página de la red de bibliotecas de la fundación EPM:

“Cómo entonces no hablar de la librería Anticuaria, quizás la más representativa de Medellín, habrá quien diga no saber qué es, pero sé que muchos compramos nuestros primeros libros allá, fue la primera librería de libros usados de Medellín, la primera librería “de viejo” como diría Luis Alberto, una librería pensada para quienes no podían comprar libros nuevos, una librería que se abrió espacio en la Medellín de 1960, una Medellín conservadora y prejuiciosa, donde sólo los ricos tenían acceso a los libros y los compraban nuevos porque las señoras pensaban que los libros usados transmitían la tuberculosos, por eso don Amadeo Pérez fundador de la Anticuaria y librero hasta su muerte, se inventó una historia; puso un horno en la librería y decía a las señora que los libros habían pasado por el horno para ser desinfectados, y estaban listos para ser vendidos y así ellas los tomaban con tranquilidad. No era cierto pero con ellas funcionaba. Nunca se ha sabido de alguna enfermedad respiratoria que haya sido transmitida por un libro de segunda.

Cuando Don Amadeo muere en el 2000, Daniel Pérez, su hijo, se hizo cargo de la librería que continúa con sede en San Ignacio y Belén Miravalle, él heredo de su padre el amor por los libros, es un hombre sumamente inteligente que da la sensación de saberlo todo, para sus cliente no es sólo un librero, es médico, sicólogo, botánico y gracias a la práctica se puede decir que adivino, pues no sólo llegan preguntado por la medicina que deben tomar, las terapias que deben hacer, y los problemas que quieren que les ayude a resolver sino que preguntan por libros que de no ser por el vasto conocimiento que tiene don Daniel de los libros,  no darían con ellos, piden “Ese librito de inglés el Popul Vuh”, “Un marcador de parte de quien” por “un marcador Pertenece a” , “El coloso estreñido” por “El celoso extremeño” , “El último de los mojicones” por “El último de los mohicanos” , “El catecismo del padre azteca” por “El Catecismo del padre Aztete” y así cada vez más van llegando con títulos muy creativos pero que en muchas ocasiones tienen poco que ver con lo que realmente están buscando”.
reddebibliotecas

Luis Amadeo Pérez Hernández
Estaba recordando esto cuando  abrieron la puerta y me atendió un señor que luego de contarle el motivo de mi visita me invitó a pasar. Resultó ser el  hijo menor de Don Amadeo Pérez, Luis Amadeo Pérez Hernández. Luis Amadeo es un hombre amable y acogedor que no duda en contarme la historia de La Anticuaria, esa librería que inició la etapa de los libros leídos o de segunda mano en Medellín. Sin mayores preámbulos Luis Amadeo comenzó a narrarme la historia de su padre.

La historia se inicia en Ponferrada, España, capital de la comarca de El Bierzo, en la provincia de León, comunidad autónoma de Castilla y León, al norte de la península.

Don Amadeo fue poeta y periodista, un hombre muy culto y adelantado para su época. Contó entre sus amigos a personajes como los poetas Rubén Darío, Barba Jacob (Miguel Ángel Osorio Benítez), Ciro Mendia (Carlos Edmundo Mejía Ángel) y otros intelectuales de entonces.

Ahora retrocedamos a la infancia y juventud de Amadeo Pérez Pérez. En España las mujeres eran las que decidían el futuro de sus hijos, ahora entiendo de donde nos llegó el matriarcado a nuestros hogares de Antioquia. Decidió pues la madre de Amadeo que el hijo mayor, como heredero,  administraría los negocios de su padre, el del medio, debería ser ingeniero y Amadeo, el menor, tendría que ser cura y cuando llegó el momento lo enviaron al seminario.

Resulta que luego de algún tiempo Amadeo no quería continuar en el seminario y así se lo hizo saber a su padre: - No tengo vocación, le dijo. Su padre, más condescendiente y comprensivo que su madre le dijo que el lío sería la forma de hacerle saber a ella tal noticia. Y razón no le faltó, fue tal su disgusto que al saberlo no volvió a dirigirle la palabra durante varios meses. Que vaina, parece que olvidé mi bolígrafo y lo buscaba afanosamente en todos mis bolsillos, al notarlo Luis Amadeo amablemente fue a buscar uno para prestármelo. Mientras tanto recordé mi primera compra en la vieja anticuaria.

Corrían los años sesentas cuando pasé por la librería La Anticuaria, en la vitrina exhibían un libro de tecnología que llamó mi atención: (Maravillas del siglo XX), metí  mi mano al bolsillo y concluí que de seguro lo que llevaba no me alcanzaría para comprarlo, apenas estaba comenzando mi bachillerato y la mesada que recibía para el colegio era exigua. Sin embargo me animé y pregunté por el libro, por suerte su valor estaba a mi alcance y sin dudar lo compré inmediatamente. Fue mi primer libro de La Anticuaria que aún guardo en mi biblioteca con especial cariño.

Luis Amadeo me entregó un bolígrafo y continuó su narración:

Ponferrada, España años 50s
En la España de los primeros años del siglo XX se hablaba mucho de América, ese paraíso lleno de oportunidades allende el mar. Amadeo no fue ajeno a ese sueño y un buen día le reveló a su padre sus intenciones de viajar a la nueva tierra.

Para evitarle un nuevo disgusto a su progenitora este tomó sin que ella se enterara un tren hacia el puerto donde abordaría el barco que lo llevaría a América. Atravesando el Atlántico desembarcó en Cuba, en la isla encontró un gran movimiento cultural por lo que cayó como pez en el agua y pronto estaba ocupando la secretaría del Sindicato  de la oposición, había democracia en Cuba. Pero lo bueno no dura y comenzaron los problemas durante el gobierno de Batista. Acosado por la situación viajó a Nicaragua.

Allí conoció a Rubén Darío (Félix Rubén García Sarmiento),  Uno de los grandes poetas universales,  y a otros personajes muy destacados. Pero Amadeo no se acomoda y viaja a México D.F., la gran urbe.

En ciudad de México crea una empresa de venta de libros por correo y consigue a varias mecanógrafas  entre las cuales estaba Julia Hernández, que sería su futura esposa.

Tenía cuarenta años cuando Amadeo Pérez contrajo matrimonio con Julia Hernández, de esa unión llegaron sus dos primeros hijos, Daniel, el mayor y Julio, Q.E.P.D.
Eran los tiempos de la segunda guerra mundial y para bien o para mal los problemas volvieron a atacar, esta vez gracias al disgusto que provocó una publicación suya que fue tomada como una injerencia extranjera en los asuntos del estado, eran quisquillosos lo mexicanos.

Eso le acarreó la deportación y tuvo que dejar a su familia en México y viajar a Nueva York sin un peso en sus bolsillos. Afortunadamente la empresa aérea que lo transportó corrió con sus gastos de sostenimiento mientras se acomodaba.

Amadeo era inquieto y decidió luego viajar a Francia y después a su tierra natal, España. Conoció allí a Guillermo León Valencia que era el embajador de Colombia en Madrid con el que cultivó una buena amistad. Un día el doctor Valencia, que también era poeta, le recomendó viajar a Colombia. Dicho y hecho Amadeo no se hizo rogar y en un dos por tres estaba en la puerta de oro de Colombia, Barranquilla.

La conversación se interrumpe un momento mientras Luis Amadeo atiende a alguien que ha tocado el timbre. Aproveché para tomar algunas fotos de la librería mientras  percibía el extraño encanto de los libros leídos, ese olor indescifrable de papel viejo, de libros usados y en palabras paisas de libros de segunda mano, que digo, de hasta tercera o décima mano. Es que lo que se lee en un libro no es el libro en sí, es el espíritu de su autor que perdura y se inmortaliza en las letras de sus páginas. Heme aquí, de repente, solo, en medio de los cientos de almas de escritores de todos los confines del mundo. Y no me asustó eso, solo me hizo sentir el impulso de tomar un libro y sentarme a leerlo en una silla antigua de madera, como en los tiempos de la vieja anticuaria en la que se veían personas sentadas leyendo en medio de los arrumes de libros…

Luis Amadeo regresa y me saca de mi ensimismamiento. Es que había llegado una joven para tomar una clase de tango, si, así como se los cuento, Luis Amador también tiene allí una academia de baile. Aún así accede a contarme otros detalles más, ahora sobre los inicios de la librería La Anticuaria en la Bella Villa, Medellín, la ciudad en que nació Luis Amadeo, hijo.

No duró mucho Amadeo Pérez en Barranquilla y decidió partir para Medellín, ciudad de la que le habían dicho ofrecía muchas oportunidades. Y así fue, desde que llegó la encontró muy semejante en clima y paisaje a su tierra natal, fue amor a primera vista. Estaba decidido, aquí se quedarían el y su familia para siempre. Prontamente su esposa e hijos vinieron desde México e igual quedaron encantados, Alquiló una casona donde abrió la primera librería de libros usados de la ciudad, que pronto se convirtió en un negocio exitoso.
Entonces estaban cerca de la catedral de Villanueva, un sector habitado por gente de mucha alcurnia.

Comenzó a notar que algunas señoras muy encopetadas que iban a comprar libros los tomaban muy prevenidas con los dedos índice y pulgar con cara de fastidio, Don Amadeo le preguntó en una ocasión a una señora que por que los cogía así, y ella le respondió que por temor a contraer alguna enfermedad contagiosa, hasta de pronto tuberculosis.

Al día siguiente madrugó Don Amadeo al sector de Guayaquil, que era donde vendían cacharros de toda clase y al entrar a un local atinó a ver en el fondo un viejo horno Westinghouse. Preguntó por su precio pero le dijeron que estaba inservible. No importa, mucho mejor, me lo llevo.

Pues sí, ese viejo horno fue a parar a un lugar muy visible de la librería y cada que algún cliente mostraba temor de contagio por tocar los libros él les aseguraba que todos los artículos que allí vendían habían pasado por un riguroso proceso de desinfección en ese horno especial importado directamente desde Los Estados Unidos. Los dos reímos ante esta original ocurrencia de Don Amadeo, y yo agregué: - Se volvió paisa desde ese día tu papá.

Mi padre publicó unos diez u once libros, casi todos de poesía, me dijo Luis Amadeo,  en otra visita te busco algunos que conservo.

Don Amadeo Pérez Pérez nació en el año de 1903 y falleció en Medellín en el año 2000. Me asegura Luis Amadeo que atendió la librería hasta sus setenta y ocho años. La librería ha funcionado en varios sitios de la ciudad, Luis Amadeo recuerda: Palacé, entre Perú y Caracas – Niquitao, entre Pichincha y Bomboná – y Bomboná, entre Sucre y San Félix. Su hermano Daniel también tiene actualmente otra librería La Anticuaria en el barrio Belén.

Esta ha sido otra historia que surge por unas fotos antiguas de Medellín, publicadas en el grupo Historia fotográfica de Medellín que nos deleita diariamente con sus publicaciones. Igualmente queda una visita pendiente a La Anticuaria, pues Luis Amadeo también me prometió algunas fotos inéditas.

Mis agradecimientos a Luis Amadeo Pérez Hernández por su atención, ahora debo retirarme para que atienda su academia de Baile.

Otro librero de libros leídos.

Alonso de J. Bedoya
Al salir encontré el local de Don Alfonso de J, Bedoya, otro vendedor de libros leídos. Muy curioso es que allí también funciona un parqueadero de motocicletas: "Parqueadero de motos y librería Plutón". Me cuenta Don Alfonso que lleva más de cuarenta años en el oficio, tiene libros en estantes que cubren todas las paredes de lugar, y hasta en el piso tiene algunos arrumes de ellos, un lugar de esos que también nos despiertan gran curiosidad, tanta, que al despedirme llevaba algunos libros que escogí, y a unos precios muy módicos, igual que en la Anticuaria.





Se me quedaban por fuera estas fotos de los inicios de La Anticuaria.

Librería La Anticuaria en 1964 foto de Digar (BPP)

Carta de Amadeo Pérez P. A Ciro Mendía (BBP)

Amadeo Pérez fundador de La Anticuaria.
Publicada en Facebook, por la
                      La Anticuaria Medellín.

jueves, 29 de mayo de 2014

LOS ARRIEROS

La historia de Antioquia no se puede desligar de estos hombres que a lomo de mula y entre los barrizales de los viejos caminos transportaban las mercancías hacia y desde todos los pueblos. Pies descalzos y encallecidos, con manos hábiles y brazos de fortaleza descomunal hicieron que el café se convirtiera en nuestro producto de exportación. Todo nuestro agradecimiento y admiración a estos hombres que crearon una de las más activas e importantes  profesiones de nuestro pasado.

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Orgullo Antioqueño con Gustavo Ospina y Santa Fe de Antioquia
De Sangrero a Caporal: Otros Pormenores del Oficio de la Arriería en Antioquia (Siglos XVIII – XX):

Los arrieros generalmente trabajaban en “muladas” grandes de las cuales no eran propietarios. Allí aprendían el oficio, que comenzaban desde muy jóvenes como “sangreros”, el cual iban perfeccionando hasta ser unos experimentados veteranos de la arriería. Vivían todo un proceso de ascenso: de sangreros pasaban a arrieros y de estos a caporales. En sí los tres eran arrieros, pero con diferentes roles jerárquicos.

Muchos arrieros que lograban ganar y reservar dinero para comprar algunas mulas y trabajar de manera independiente en asocio con otros arrieros y conformar así una mulada, terminaban convirtiéndose en acaudalados comerciantes dueños de varias muladas. Para estos trabajaban ya sangreros, arrieros y caporales.

El sangrero era un muchacho aprendiz y ayudante de arriería, que mientras realizaba tareas menores y de apoyo, iba aprendiendo todos los pormenores del oficio de un experimentado arriero, quien era su mentor hasta que le encomendaban sus primeros viajes. Muchas veces este arriero era su padre.

“En el ejercicio del oficio, el arriero se fue perfeccionando y aprendiendo todos los trucos necesarios para hacer un trabajo práctico y eficaz. Este oficio se transmitió de generación en generación. El abuelo le enseñaba al hijo, y este a su hijo. Pero no le enseñaba solo un saber técnico. A través del trabajo y la institución familiar se fue transmitiendo una forma de ser y hacer las cosas que con el tiempo se transformó en unos valores, unas costumbres, una mentalidad y unas actitudes específicas” (*Germán Ferro Medina).

Ahora, el caporal era un arriero con vasta trayectoria en el oficio y que hacía las veces de capaz o mayoral de la mulada, la cual estaba compuesta por varios arrieros y un gran número de bestias de carga. A su vez, el caporal respondía al comerciante propietario de las muladas; es decir, habitualmente estaba al servicio de algún comerciante pudiente, a quien tenía que responder por todo: por las mulas y la carga. Sin embargo, había caporales independientes dueños de sus propias muladas.

Una sola mulada podía tener entre 20 y 50 mulas, unas cuantas remudas, varios caballos cargueros y algunos bueyes de arriería según los requerimientos del viaje. En cuanto a estos últimos animales de carga, se puede decir que en Antioquia coexistieron dos tipos de arriería: de bueyes y de mulas. El buey se usó al principio porque era un buen animal carguero y por su gran capacidad para andar por caminos precarios y pantanosos; pero, como era muy lento, el camino le rendía menos, por lo que se optó por la mula, ya que era más rápida y de gran resistencia para jornadas largas y soleadas. Entonces el buey solo se usó para jornadas cortas (ver Arriería de Bueyes, Orgullo Antioqueño, 2014: --> http://on.fb.me/19IaBaE).

De este modo, las jornadas de arriería eran muy largas y exigentes en medio de caminos “riales” y de herradura, a veces malos y fangosos, empotrados en las escarpadas montañas de Antioquia, en donde los comerciantes encomendaban sus mercancías y demás cargas a los arrieros.

“En caso de que los productos no llegaran a su destino, siempre había por quién preguntar. En su nombre el arriero depositaba la honradez y calidad de su trabajo. Esto lo sabía el sangrero, pero primero tenía que pasar la prueba, conocer bien todos los trucos del oficio, realizar un rito de iniciación como ayudante, que lo llevaría a alcanzar ese grado de independencia, autonomía y prestigio que tenían los buenos arrieros” (*Germán Ferro Medina).

Varios eran los quehaceres del sangrero en su rol de ayudante mientras aprendía todos los secretos de la arriería y adquiría las destrezas propias de esta labor: preparar la comida para las mulas era una de ellas. Esta tarea la comenzaba desde el día anterior al viaje, dejando reposar panela machacada en agua para luego hacer una especie de aguadulce a la que le añadía salvado, así como cortar pasto, picar caña y mezclar melaza con miel para darles de comer y beber antes de partir. La importancia de este encargo radicaba en que a las mulas había que consentirlas y cuidarlas muy bien, pues de ellas dependía en gran parte el éxito de una jornada.

Además, el sangrero se ocupaba de organizar el caballo que cargaba el bastimento con los alimentos necesarios para preparar en el camino, como fríjoles, arroz, tocino ahumado, “bizcochos de teja”, “estacas de maíz” (arepas de arriero), panela, chocolate y café. Básicamente provisiones de alimentos que duraran algún tiempo sin dañarse. Entretanto, cada arriero armaba su "catre", o sea una cobija y una muda de ropa, todo bien "envueltico" y amarrado con un rejo o lía sobre un caballo o una mula.

Una vez en la posada, el sangrero también ayudaba a los arrieros a descargar las mulas para luego llevarlas a pastar a los potreros y darles más melaza, mientras estos se iban a comer y a tomarse unos tragos bien conversados con otros arrieros que se topaban allí y que venían de otros pueblos. Era el espacio nocturno de la tertulia, la charla, la anécdota y los versos cantados al ritmo de tiples, liras y guitarras. “La tradición oral de los caminos se recrea en estas noches de reposo y esparcimiento, donde se hacen amigos y enemigos” (*Germán Ferro Medina).

"Muy buenos amigos todos, nos conocíamos todos, gente de arriba y del valle, arrieros que nos juntábamos, salíamos con carga y todo eso, por todas partes andábamos bueno. Muchas veces nos largábamos a tomar trago, bastante, porque eso daba mucha brega emborracharse, y entonces de pronto, peleábamos, nos sacábamos hasta sangre, y todo por cualquier pendejada de borrachera, y después, hombre, pero vea, nosotros anoche con ese pereque, hombre. ¡Ah! ¡Brutos que somos, no, no! Vamos ayudarnos a trabajar, muchachos, caminen a ver” (Gerardo Osorio alias "Primo", nacido en Jericó en 1897 y entrevistado en Fredonia Antioquia, agosto de 1984, por Germán Ferro Medina para su trabajo de investigación titulado “El arriero: una identidad y un eslabón en el desarrollo económico nacional”).

Para los arrieros lo mejor era llegar a un buen sitio para apear, donde les sirvieran, pudieran reposar para continuar el camino y hallaran buenos potreros o pesebreras para las mulas; pero, muchas veces los cogía la noche lejos de un fonda caminera, entonces los arrieros buscaban potreros para poder entoldar. El caporal señalaba el lugar y entre todos armaban una tolda a la vera del camino para poder pernoctar.

Es así como en estas tiendas los arrieros hacían improvisados dormitorios, cocinaban, comían bizcochos de teja y estacas de maíz, preparaban café, fumaban tabaco, tomaban aguardiente de anís, jugaban tute y dados, relataban anécdotas y contaban historias de espantos; entre tanto, otros se extraían niguas de las plantas y dedos de los pies con la "pico e' loro", pues su cuidado era fundamental, a tal punto que cuando estos quedaban resentidos en los escabrosos caminos, sacaban las velas que traían en sus carrieles para derretirlas con el yesquero y frotarles el cebo caliente junto con limón.

Cerca al mediodía, los arrieros toldaban al lado del camino en una parte plana, con facilidades para conseguir agua y generalmente cercana a una casa.

Descargaban las mulas y con los bultos organizaban su sitio para dormir alrededor de la enjalma que les servía de cama.

El Sangrero organizaba el fogón con tres piedras y dos palos en forma de horqueta sobre el que se ponía otro que servía para colgar las ollas.

Todos se arrimaban a la hora de comer, Frijoles, chicharrones, plátano, chocolate y queso era generalmente el menú común en estos viajes, sin olvidar el famoso "Bizcocho de Arriero", llamado por algunos en Aguadas "Bizcocho de Teja" y que era el acostumbrado manjar en el "hatillo", una bolsa o "jíquera" que llevaba el arriero junto con la carga.

El "Bizcocho de Teja" duraba hasta un mes, era una masa de maíz que, finamente molido y después de amasar la harina con agua, manteca, sal y un huevo se iba adelgazando como para hacer arepas hasta quedar como una tela delgadísima que asaban en una especie de cayana de barro de donde quizás provenga ese nombre dado en Aguadas a este alimento. En las noches, al son del tiple, se reunían todos los arrieros a cantar sus trovas y canciones y a contar los larguísimos cuentos de "Cosiaca" y "Pedro Rimales".

Igual de importante era hacer las curaciones a las bestias en estas paradas, para lo cual cargaban leche de sandio envuelta en un pedacito de capacho de maíz; había que mantenerla para curar el polvillo en los cascos e inflamaciones en las patas de los machos de carga y para tapar gusanos en los bueyes. Todas estas experiencias se convertían en un aprendizaje para el sangrero y en parte de su anecdotario.

Mientras el sangrero ayudaba, observaba con atención y preguntaba con interés a un curtido arriero para aprender de él. El sangrero sabía que el oficio de la arriería se aprendía durante varios años y que implicaba dominar tareas básicas como preparar los bultos, cajas de madera, zurrones y petacas de cuero donde irían las mercancías; aparejar bien las mulas, montar la carga y requintar; saber cuidar y arrear las bestias durante la travesía, así como saber herrar y hacer curaciones.

"Se venda el animal con la mulera, se carga por el lado derecho, se le coloca la enjalma asegurada por la retranca para que no se corra para adelante, y asegurada por delante por el pretal para que no se corra para atrás. Luego se le coloca la lía al primer bulto, que es una soga de cuero bien fina, se le abre un bozal; se alza el primer bulto con la lía, después el otro sostenido por el sangrero y se amarran juntos; luego se amarran los dos bultos con la sobrecarga, que es una soga más larga, la cual tiene un cinchón de cabuya que se le pasa al animal por debajo del vientre; al final del cinchón está el garabato, que es como un gancho de madera fina, generalmente de guayabo o de arrayán. Por medio del garabato se asegura la sobrecarga y se aprieta bien fuerte con un nudo corredizo llamado nudo de encomienda.

El sangrero pide que repita el nudo, pues sabe muy bien que arriero que no sepa hacer este nudo no es arriero, ni puede llegar a serlo” (*Germán Ferro Medina).

Sin embargo, el aprendizaje del sangrero no terminaba ahí. También era propio del saber arriero que los bultos, cajas, zurrones y petacas debían pesar cerca de 75 kilos cada uno. Estas cargas parejas, de igual peso y contenido, se llamaban “mellizas”, y se hacían con la intención de darle estabilidad a las mulas; aunque eso dependía de cuántas “tumbadas” tenía que hacer el arriero por ciertos pasos y "canelones" del camino, es decir, cargar más un lado la carga para que esta no trompicara contra los barrancos.

Así mismo, debía saber que la carga se cubría con el ‘encerado’ (lienzo o cuero recubierto de cera impermeable que protegía la carga de la intemperie) y que según la mercancía, esta podía ser redonda, redonda en zurrones, cuadrada, angarillada, de rastra y en turega, y que para cada tipo de carga era menester tener los aperos apropiados como enjalmas, garras y angarillas

Esta última forma de carga, también llamada “tureguiada”, por su complejidad y el valor de la mercancía, requería de toda la pericia y destreza del arriero, pues:

“En la antigua arriería era práctica corriente para transportar grandes y pesadas cargas utilizar la modalidad de turega, consistente en llevar una carga compartida entre dos mulas, haciendo como un tren, una adelante de la otra y la carga en medio, sostenida por unos largueros paralelos uniendo los dos animales.

Esta forma de transporte tenía su gran dificultad y peligro, poniendo a prueba la sabiduría y habilidad de los arrieros en su oficio, considerando los riesgos que ofrecían los difíciles y escarpados caminos antioqueños, con sus precipicios y ríos que había que bordear y cruzar, puesto que si una de las mulas rodaba por ellos, arrastraba a la otra, con todo y carga. Así fueron traídas las enormes maquinarias para el montaje de las grandes industrias que forjaron el progreso de Antioquia.

Es de saberse además, que había recodos tan cerrados en el camino, que la turega no podía girar, por tanto, el arriero se alzaba él la carga para voltear en las curvas” (Arrieros Antioqueños en 1920 con Carga en "Turega", Orgullo Antioqueño, 2014: --> http://on.fb.me/1aELZLp).

Otro asunto que no era menos importante en el entendimiento de la arriería, es la forma como debían organizarse las muladas, ya que estas eran regularmente grandes y tenían que atravesar caminos de herradura con tramos estrechos, fangosos, muy pendientes y llenos de curvas cerradas dada la topografía abrupta y montañosa de Antioquia.

De este modo, en una mulada iban el caporal, 5 o más arrieros, dependiendo del tamaño de la mulada, y 2 o más sangreros. Entre los animales que componían una mulada estaban: 20 o más mulas cargadas y varias remudas, que eran bestias de carga que se llevaban para remplazar a las mulas que se enfermaban o morían en el camino; el “guión” o caballo guía de la mulada, que generalmente era montado por un sangrero, y la “mula colera”, que podía ser una remuda o una mula enferma que colocaban de última en la recua; varios caballos cargueros, los cuales llevaban las provisiones de alimentos y los catres de los arrieros.

Lista y dispuesta la mulada para partir y emprender el largo y duro periplo de arriería: alimentadas, curadas, herradas, aparejadas y cargadas las mulas; montada y requintada la carga, redonda, en zurrones, cuadrada, angarillada, de rastra y/o tureguiada, cubierta con el encerado según el clima; cargados con los avituallamientos y catres los caballos; organizados los hombres, los mulares y caballares: el guión adelante, la colera tras la recua, las remudas y caballos cargueros cabestreados por otras mulas, porque los arrieros iban a pie arreando, atentos y prestos a todo, salvo el sangrero que en ocasiones iba montado en el guión cuando no lo cabestreaba, o el caporal cuando debía adelantar para hacer una inspección o atender algún requerimiento. Y el perro andariego detrás de su amo entre la mulada.

Entonces, el caporal pasa lista, revisa las cargas y da instrucciones: “Cinco arrieros, veinte mulas: quince con café y el resto con maíz, fríjol y panela para las fondas del camino. Irán por el camino de Islitas y si todo sale bien pasarán la noche en la posada de Juanita Cano.

El caporal era como el jefe: pagaba los fletes a los arrieros, hacía la lista de la población a la que había que llevar y traer mercancías, señalaba rutas, sitios de hospedaje y duración de las jornadas. Era también el responsable de la entrega de la carga, con sus recibos y remisiones” (*Germán Ferro Medina).

El caporal, al igual que los demás arrieros, iniciaba su ardua jornada temprano organizando los arreos y utillajes necesarios para arreglar la carga, además revisando la mercancía encomendada para embalarla en bultos, zurrones, petacas y cajas de madera, y montarla en angarillas o en turegas cuando no era de rastra, porque legalmente se transportaba de todo, desde delicados espejos, hasta pesadas ruedas Pelton.

Los arrieros acarreaban pues todo tipo de mercancías, especialmente aquellas que les dejaran buenos fletes: maíz, café, panela, granos, miel, caña de azúcar, vivires para surtir las fondas, licor, oro, muebles, pianos y los más refinados artículos de lujo importados de Europa, vigas de madera y demás materiales de construcción, pesadas campanas de bronce para las iglesias, plantas eléctricas, entre otras.

“Sin embargo, dos productos mantuvieron un transporte continuo por parte de los arrieros: el oro y el café, porque lograron superar la razón valor/peso y fueron los dos grandes productos de exportación que tuvo Antioquía” (*Germán Ferro Medina).

Ahora, por fuera de estas cargas legales, la arriería participó en el contrabando de mercancías como licores y tabaco. Se contrabandeaban también los productos de prohibida importación, como telas y aquellos que se estaban comenzando a fabricar localmente. Este resultó siempre muy rentable para ellos debido al alto costo de los fletes.

Ya, en el transcurso del viaje, el sangrero cumplía una sencilla pero vital tarea para la mulada: “Cuando el muchacho que iba en el caballo veía de lejos que venía una recua de mulas, tocaba la corneta -pito de cacho-: ¡Ta, ta, ta! avisándoles a los que venían y a los que iban, pa’ que los arrieros se dieran cuenta y se alistaran por el asunto de que esos caminos eran muy estrechos y si una mula con otra se encontraban cerquita, un bulto le daba a otro bulto y se echaban a pelotiar” (Juan Ciro, nacido en Ciudad Bolívar en 1907 y entrevistado en Medellín, noviembre de 1983, por Germán Ferro Medina para su trabajo de investigación titulado “El arriero: una identidad y un eslabón en el desarrollo económico nacional”).

Al mismo tiempo, “los arrieros, siempre pendientes de que las mulas no se fueran a resbalar o a caer por un abismo, requintando la carga, ajustándola cada vez que se aflojaba, cuidando celosamente de que no se fuera a perder o a dañar, pues de la calidad de su trabajo dependía que hubiera más” (*Germán Ferro Medina).

El sangrero, siempre laborioso, muy atento a lo que hacían los arrieros y empeñado en aprender y conocer de ellos todos los vericuetos del oficio, quería verse y sentirse desde el principio como un arriero de verdad, entonces “se fijó que todos llevaran su carriel, incluso él, que llevaba el que había sido de su abuelo. Quería ser buen arriero, y sin carriel no se podía. Llevaba la aguja de arria para remendar algún aparejo que se rompiera, o su ropa, pues nadie estaba libre de accidentes. Había echado un rollito de cabuya, clavos de herrar, martillo y tenazas” (*Germán Ferro Medina).

Tampoco se podía ser un verdadero arriero sin la indumentaria y aperos adecuados para las extensas y exigentes jornadas: sombrero de iraca; poncho o ruana, dependiendo del clima; tapapinche o paruma, que es un delantal grueso de cuero o lona, utilizado para proteger el pantalón y cubrir el “pinche” (nombre dado por los arrieros al pene); mulera, que es un retazo de tela rectangular usado para cegar la mula y evitar que se arisque durante el amarre de la carga; zurriago o perrero para azuzar las mulas; alpargatas o quimbas de fique, tela burda o cuero. Y el machete o peinilla.

Es así como después de iniciarse como sangrero, asimilar todo este aprendizaje, desarrollar todas las capacidades y pericia exigidas en la arriería y acumular años de experiencia como arriero, se podía ascender a caporal, el arriero mayoral de la mulada.

[Documento basado en las lecturas de la obra *A Lomo de Mula (1994) de Germán Ferro Medina; el trabajo de investigación “El arriero: una identidad y un eslabón en el desarrollo económico nacional”, Universidad de los Andes (1985) del mismo autor. Y otros relatos documentados de arrieros de Antioquia]

[En la fotografía antigua Sangrero y Arriero en 1920, Santa Fe de Antioquia]

Texto: © Arepa Antioquia

Fotografía: © Alejandro Mrt-z Duke-z
Cortesía: http://www.misantafedeantioquia.com/

lunes, 26 de mayo de 2014

HERENCIA DE TIMBIQUÍ

Lo bueno y lo bonito hay que compartirlo, por eso les dejo aquí este hermoso tema del grupo Colombiano Herencia de Timbiquí. Te invito es más que una canción un poema que narra la historia de un hombre que flota en medio de la nostalgia de los retazos de su vida.



Te regalo la primera planta que en mi vida yo sembré en la tierra,
te regalo el cofrecito que antes de morir me regalo la abuela,
te regalo la emoción que sentí al nacer a mi primer hermano,
la sonrisa de mama al verme deletrear y mis primeros pasos

mi primer amor de infancia y mis primeros zapatos,
mi primera travesura y el desorden de mi cuarto (bis)...

Mi primer día del colegio mi peinado mi primer cuaderno
mis amigos de secundaria mi pasado todo eso (bis)...

Te invito a vivir conmigo las lunadas que realizan en mi pueblo,
las noches de luna llena y los aguaceros cuando ya es invierno.
Nuestras fiestas patronales a ver los arrullos en cada diciembre
y juntos en año nuevo tratar de cumplir los años que se tienen.

La experiencias de mis viejos y dolor de sus ancestros
los poderes de sus Dioses sus odios y sus anhelos (bis)...

Mi futuro mi vos mi aliento solo quiero ponerlos en tus manos
y a medida que pase el tiempo que comprendas que te amo.
Mi primer día del colegio mi peinado mi primer cuaderno
mis amigos de secundaria mi pasado todo eso.

Coro!

Con el tiempo entenderás que es amor puro amor
Con el tiempo entenderás que es amor puro amor
Con el tiempo entenderás que es amor puro amor

Sabrás que en la madruga voy a llenarte de amor
Con el tiempo entenderás que es amor puro amor
Solo para solo para ti yo compuse esta canción mi amor

Con el tiempo entenderás que es amor puro amor
Con el tiempo entenderás que es amor puro amor.

RESEÑA

El grupo Herencia de Timbiquí, toma su nombre del municipio del mismo nombre y está conformado por afrodescendientes orgullosos de sus raíces africanas y quienes se han dado a la tarea de retomar el conocimiento musical empírico del Pacifico Colombiano y mezclarlo con elementos de la música urbana contemporánea, para así producir una sonoridad de orden global pero centrada en la raíz negra de nuestro litoral.

2003 Inicios.

2004 Segundo puesto categoría libre festival de música del pacífico "Petronio Álvarez" - Cali

2005 Segundo puesto categoría libre festival de música del pacífico "Petronio Álvarez" - Cali

2006 Primer puesto categoría libre festival de música del pacífico "Petronio Álvarez" - Cali

2007 Invitados a cerrar el festival de música del pacífico "Petronio Álvarez" - Cali

2008 Participación festival "Colombia al parque" - Bogotá

2008 Cierre de la velada de los premios "India Catalina" - Cartagena

2009 Noche internacional festival de música del pacífico "Petronio Álvarez" - Cali

2009 Festival de la marimba: Rey de la matimba, rey del bombo, rey del cununo, mejor interprete vocal, mejor grupo. - Cali

2010 Primer foro zona de riesgo Shock, Ministerio de cultura y revista Shock - Bogotá

2010 Lanzamiento "Gran Concierto Nacional" - Bogotá

2010 Montreux jazz festival "primer grupo Colombiano en los 44 años del festival" - Montreux, Suiza. http://noticiasdeginebra.com/2010/07/18/festival-de-jazz-de-montreux-un-exito-de-asistencia-¿pero-la-musica/

2010 Programacion de Verano - Zurich, Suiza

2010 Sala Underground - Barcelona, España

2010 Gran Concierto Nacional - Cali

2010 Noche internacional festival de música del pacífico "Petronio Álvarez" - Cali

2010 Festival de Jazz "Ajazzgo" - Cali

2010 Festiafro - Medellín.

2010 Show case cámara de comercio - Bogotá

En este momento el grupo se encuentra trabajando en la tercera producción discográfica, en ella participaran grupos como Ojos de Brujo, el Cubano Kumar, Alexis Play, entre otros.

VUELO 730

A veces los cuentos pueden parecerse a la realidad o viceversa, al menos en este caso es así. Ahora publicando esta primera parte me veré obligado a terminar este cuento que ni aún yo sé como terminará.

Primera parte.


Huang recibió el regaño de su madre a regañadientes, que de malo tenía correr por el corredor del avión, era más aburrido quedarse sentado por horas en una silla, y ahora tenía que resignarse a terminar el viaje amarrado a ella.

En la silla que estaba atrás de Huang una pareja miraba las fotos de su paseo de luna de miel en una tableta mientras reían recordando esos momentos felices. El cupo de la nave estaba casi completo, 239 personas iban a lo largo de los más de 67 metros del tubo del avión.

A través de la ventanilla Tom Lewis miraba la turbina derecha de la nave para calmar sus nervios, a pesar de que viajaba con frecuencia por ser analista de nuevas tecnologías no terminaba de acostumbrarse y se llenaba de pánico desde que entraba a la nave, como no conseguía calmarse sacó su billetera y comenzó a ver la foto de su pequeña hija, eso sí funcionó pues solo recordarla le sacaba una amplia sonrisa.

En la cabina la cosa no estaba bien, los pilotos e ingenieros luchaban para que la computadora de abordo se reiniciara correctamente, el piloto automático extrañamente no se desactivaba y volaban sin control hacia el noreste cosa que los sacaba de su ruta original.

El copiloto trataba infructuosamente de comunicarse con la torre de control pero la radio tampoco funcionaba, solo el ruido de la estática se escuchaba en sus audífonos.

 A muchos kilómetros un grupo de científicos y militares trataban de resolver un problema mucho mayor, un virus letal que se había creado en un laboratorio de alto nivel había sido embarcado por error en el vuelo comercial 730. Lo peor era que los acomodadores de equipaje que habían manipulado el embarque habían caído enfermos y murieron en el hospital al que fueron trasladados.

No se descartaba que el mal manejo del empaque del virus habría generado algún escape, máxime cuando esos empleados estaban siendo investigados por posible hurto de menaje. Si la cosa era así estaban ante una situación muy grave y mientras encontraban la confirmación de la infección no podían permitir que ese avión llegara a su destino.

Algunos pasajeros comenzaron a inquietarse al percibir el nerviosismo y el cuchicheo de las auxiliares de vuelo e igual siendo viajeros habituales de esa ruta notaron que el paisaje era muy diferente al que conocían. Uno de ellos se atrevió a preguntarle a una de ellas: - Señorita, ¿Todo anda bien?

Segunda parte.

En la lejana base de operaciones la tensión subía a medida que el doctor Robert Winterhouse revelaba los terribles efectos del virus experimental M4-BDBV:
- Señores, nunca antes habíamos tenido algo así, este virus es una mutación que hemos desarrollado con carácter experimental a partir del virus del ébola, el virus original tiene una tasa de mortalidad del 90%, mientras que en el nuevo es del 100%, ha sido un terrible error transportarlo a través de un aeropuerto civil.

El coronel Smith levanta una mano para hacer una pregunta, mientras con la otra se seca el copioso sudor que corre por su rostro:

- Doctor, quisiera saber cómo se propaga este virus…
- Coronel, esa es una buena pregunta, ya estaba por mencionar ese asunto, el ébola conocido se propaga persona a persona por estrecho contacto con sangre, secreciones o líquidos corporales de animales o personas infectadas, este en cambio es más agresivo y llega a contagiarse por la vía aérea, como la gripe.

- Doctor, ¿Existe alguna vacuna?, pregunta otro de los asistentes a la reunión.
- Lamentablemente ninguna todavía.

El salón se llenó con el murmullo de los asistentes, que aterrorizados intercambian comentarios.

- Silencio por favor, debemos centrarnos ahora en las medidas que tendremos que tomar cuanto antes replicó Martin. El presidente del país de la nave implicada en este caso ya fue informado a través de la vía diplomática y está dispuesto a aceptar y colaborar con las decisiones que aquí tomemos, este es un asunto más que de seguridad nacional, de seguridad global, mientras tanto la Noval está a cargo del vuelo. No sobra decir que todo lo que aquí se diga o haga es secreto de estado.

Los operadores del radar de Duon Paing están confundidos pues repentinamente perdieron la ubicación del vuelo 730 a sus dos horas de vuelo, sin motivo aparente, simplemente el pequeño punto blanco ya no estaba en los monitores. Los operadores de radio igualmente luchaban por establecer contacto con la tripulación sin ningún resultado,

La reunión de emergencia proseguía y Jean Martin, director de la agencia central, comentaba que el presidente les había dado carta blanca para resolver el incidente.

-Doctor Winterhouse, agradecemos su presencia, ¿En su opinión los pasajeros del avión pueden estar infectados?
- Sin duda, respondió el científico.

Martin retomó la palabra, mientras todos lo miraban expectantes.
- Señores, mientras sepamos que hacer finalmente no nos queda más que impedir que el avión toque tierra. Noval está a cargo de eso y lo mantendrá volando con el control automático al igual que bloqueando su sistema de comunicaciones gracias al uso de un satélite dedicado.

Jeison Charr, director de la confederación universal de empresas de aviación intervino:
Coronel  Smith, ¿Han considerado la posibilidad de derribar la nave?

- Si ingeniero, contestó este, para rematar diciendo: - Ese será nuestro último recurso.


Tercera parte.

En la cabina la tripulación luchaba sin éxito para recuperar el mando del avión, pero los comandos manuales, el radar y las comunicaciones estaban fuera de control, a pesar de eso la nave volaba con gran suavidad, como si de alguna forma estuviera siendo dirigida con algún sistema remoto que no conocían y que los llevaba a lo que parecía ser un punto remoto del océano.

Los aeropuertos de salida y llegada del vuelo 730 eran un manicomio, los familiares y allegados de los pasajeros reclamaban una explicación, pues el atraso del aterrizaje de la nave era inquietante. Los directivos de la empresa aérea les prometían que pronto darían un comunicado. Todos presagiaban lo peor…

Base de operaciones  aéreas.

Jean Martin le comunica a los asistentes de la reunión de emergencia que los presidentes  de los países involucrados en el incidente ordenaban que por ningún motivo se derribara la nave.

- ¿Entonces qué es lo que debemos hacer?, preguntó Paul Curtis, comandante de la fuerza aérea.

- El plan es dirigir el avión hacia la isla Dago Gracia donde la federación tiene una base aérea, es un lugar bastante inaccesible y de alta seguridad, allí todos los pasajeros y la tripulación serán confinados en un hangar donde quedarán incomunicados hasta nueva orden.


¿Por cuánto tiempo?, preguntó el coronel Smith.

- Depende de que  haya o no infección, de no haberla sería cuestión de uno a dos meses.

- ¿Y si hay infección?, replicó Smith.

- En ese caso estarán allí para siempre.


EL NUDO COMIENZA A DESATARSE

Lejos de allí, a una mansión situada en las afueras de Ginebra, una a una comienzan a llegar grandes limosinas escoltadas por grupos de seguridad. De la última en llegar desciende un anciano de cabello blanco y traje negro, debe ser muy importante pues todos los asistentes salen al porche y se sitúan a lado y lado de la entrada formando una calle de honor.

El hombre entra en silencio obviando saludos protocolarios, y tras él, en fila india, ingresan todos los del Grupo.

El anciano es el primero en tomar su lugar, y luego todos toman asiento en sus respectivos puestos. El sitio es un salón en forma de herradura coronado por una cúpula de la que pende una gran araña de relucientes cristales de Murano.

Con el viejo, el grupo es de quince hombres,oriundos de las 7 montañas del planeta. Ellos son los que manejan este mundo desde la sombra, los que deciden el acontecer del hombre, émulos de los dioses de la mitología griega.

El silencio se rompe cuando el anciano dice:

- Señores, el asunto que nos reúne es delicado y por ello hoy tendremos que tomar una crucial decisión que cambiará el rumbo de la historia dramáticamente. Bien sabemos que nuestro plan anterior fracasó debido a la intromisión de un laboratorista que con su acción bloqueó la propagación de virus H1N1. Pero eso no será óbice para que lo planeado no se cumpla, este planeta está sobrepoblado y esto pone en riesgo nuestra supremacía.

El doctor Yushiro nos ha entregado ahora la alternativa de oro, una variante del virus del  ébola. El problema es que alguien se infiltró y advirtió del envío de las cepas en el vuelo 730, nuestros agentes hicieron un continuo seguimiento y lograron el control del vuelo para conducirlo al sitio alternativo de nuestro plan B.

- La mala noticia es que luego del arribo del vuelo 730 a nuestro lugar elegido la letal carga fue transferida a un pequeño jet para llevarla al destino final, pero fue detectado por un satélite que no conocíamos y fue derribado cuando volaba sobre una zona boscosa entre Liberia y Guinea, así es que el asunto ha quedado fuera de nuestras manos.

Aquí no hay nada que tratar diferente a las acciones que hemos de tomar ante esta contingencia. De propagarse el virus de alguna forma, que es lo más probable, hay que distribuir las vacunas a nuestros aliados, ellos decidirán, como ya está acordado, a cuantos y a quienes, habrán de proteger para su fuerza laboral y de defensa.

Como no hay mal que por ben no venga, tal vez será esta la ocasión para equilibrar las cargas y comenzar esa nueva era que soñamos, la del gobierno universal.

Vayan pues y apresuren el plan, Aún sin saber que lo que presagiamos se haga realidad o no, infundan el pánico, a través de todos los medios posibles y de los agentes infiltrados en la sociedad de las naciones. Como el riesgo del nuevo virus está clasificado en el nivel BSL-4 los tendremos a nuestros pies, pues somos los únicos que tenemos la solución a sus problemas.


Cuarta parte

Los pasajeros fueron confinados en tres hangares guiados por hombres con trajes de protección que los hacían ver como astronautas. Como el pequeño Huang estaba presentando vómito y su madre mostraba una irritación en la piel fueron separados del grupo y trasladados  a la enfermería. Todos estaban aterrados y confundidos, no les habían dado ninguna explicación satisfactoria y comenzaban a sentirse en peligro. Sus teléfonos y equipajes fueron confiscados, según ellos, por seguridad.

A la base de operaciones comenzaron a llegar informes inquietantes, Al parecer unos niños de Boké, en Guinea, habían encontrado el contenedor en una zona boscosa y lo habían llevado a su casa, pocos días después los habitantes del caserío habían comenzado a sufrir fiebres y vómito por lo que inicialmente se pensó que era un brote de fiebre amarilla, cosa que luego se descartó al ver otros síntomas no presentes en la malaria.

El doctor Winterhose intervino entonces para puntualizar la situación:

- Señores, casi sin lugar a equivocarme, lo que vemos en Guinea es un brote de ébola. Los síntomas lo indican claramente.

- Doctor Winterhose, ¿Pero como se explica esa propagación tan rápida si esta infección solo se contrae por medio de fluidos corporales?, preguntó el coronel Smith.

Esa es la mala noticia coronel, dijo Winterhose, y luego prosiguió: Recuerden que la nueva sepa del virus M4-BDBV ha sido mutada y ahora puede propagarse por vía aérea, igualmente este virus se hace cada vez más resistente y por ende fuera de control. Toda la acción debe centrase en aislar esa región inmediatamente.

El director Matin interviene para notificarles que ya el gobierno había encargado 200.00 trajes de seguridad para proteger a la élite del país, mientras se termina de desarrollar la vacuna específica, y agrega:
.
- Es un suceso desafortunado este que vivimos, se suponía que la liberación del virus solo se haría cuando la tuviéramos lista.

¿Y ahora que pasará con los pasajeros del vuelo 730?, pregunta Smith.
- Ese asunto ya está decidido, el coronel Curtis se encargará de ello con la mayor discreción.


sábado, 24 de mayo de 2014

SI YO FUERA PRESIDENTE

LO QUE ME GUSTARÍA QUE HICIERA UN PRESIDENTE

Esto puede parecer  una bobada pero casi todos aspiramos a ver todas o al menos algunas de estas cosas en el programa de gobierno de nuestro próximo presidente(a), sea el que sea.

Siempre he tenido claro que un presidente al igual todos los funcionarios del Estado son empleados del pueblo que los elije. 

Pero igual tengo claro que casi todos ellos lo han olvidado.
Estas son algunas de las cosas que esperaría ver en algún programa de gobierno, vale que lo copien en parte o en todo.


  1. Gratuidad y calidad de la educación, teniendo siempre en cuenta que hay que educar, no domesticar. Alimentación gratuita en todos los establecimientos para estudiantes de estratos uno y dos. Revisión de salarios de los maestros.

2.  Gratuidad y calidad de la salud. El énfasis de este servicio debe ser la prevención y preparación de la ciudadanía para que aprendan sobre la alimentación sana. Igualmente se debe supervisar la calidad de todos los productos alimenticios para evitar que contengan sustancias nocivas. También en este punto se debe garantizar el control de la contaminación del aire, el agua y el ruido excesivo.

3. Protección de la niñez y la familia.

4. Protección de los ancianos adjudicándoles una pensión básica vitalicia así no hayan cotizado.

5. Servicios públicos a costos reales solo procurando que los excedentes sean para el pago de los empleados y para sostenimiento y mejoramiento de los mismos.

6. Apoyo total al agro con créditos blandos y asesoría permanente para que luego las cosechas lleguen al consumidor con el menor número posible de intermediarios garantizando con esto pagar unos precios justos de los productos al agricultor.

7. Construcción de autopistas de la montaña con supervisión constante. Vías terciarias que faciliten la salida de los productos agrícolas.

8. Regreso del tren por vías tradicionales y nuevas.

9.  Desmonte gradual del cuatro por mil.

10.  Revisión del salario mínimo, este pasará a llamarse salario básico y debe ser suficiente para llenar necesidades básicas y de ahorro.

11.   Protección del agua y de los recursos naturales, fauna y flora.

12.   Revisión y reajuste de pensiones.

13.   Tratado de paz con condiciones lógicas y coherentes.

14.   Refuerzo a la seguridad para proteger a la ciudadanía en las ciudades y el campo.

15.   Control a la minería, evitando que esta afecte el medio ambiente. Igualmente renegociando la participación del estado y o los impuestos que genere la explotación.

16. Cero corrupción, ya existen leyes para sancionar a los corruptos, solo falta que se apliquen implacablemente, los dineros del pueblo son sagrados.

17. Reajustar hacia abajo salarios y primas de funcionarios públicos de alto nivel a cifras lógicas y coherentes con el presupuesto nacional.

Desde luego hay otras cosas que quisiera ver en el futuro de Colombia, pero con estas es suficiente para comenzar. ¿Qué de donde saldrán los recursos  los recursos?  Fácil, entre otras fuentesde la recuperación de evasión y cartera morosa por medio de la DIAN y de la gran cantidad de recursos recuperados y salvaguardados por causa de la corrupción. Aprovechando la bonanza petrolera y minera. Solo con eso basta y sobra. 

miércoles, 21 de mayo de 2014

PLANETARIO DE MEDELLÍN

30 AÑOS MIRANDO EL CIELO


Este mes celebramos los treinta años del planetario de Medellín Jesús Emilio Ramírez Gonzalez. Es la efemérides de una gran obra que acerca a todos los habitantes y visitantes de la ciudad al cosmos. Desde esta publicación saludamos a todas las personas que lo hicieron posible, a los que ya emprendieron su viaje hacia otras dimensiones y a los que para fortuna nuestra aún nos acompañan. Quiero hacer mención de mi amigo Manuel Hernández, uno de sus pioneros, que tanta sabiduría nos compartió encausándonos por el camino de la ciencia y de la construcción del sentido común. 

Historia.

Manuel Hernández
En la década de los setenta, las frecuentes reuniones entre aficionados a la astronomía y las ciencias del espacio, iniciaron un movimiento vertiginoso en la búsqueda de un Planetario para Medellín.

Astrónomos, divulgadores y aficionados de la ciudad se reunían a compartir filminas sobre el Programa Espacial, los planetas, las nebulosas, las galaxias y múltiples aspectos del universo interestelar, provenientes de los observatorios del Monte Palomar, del Monte Wilson y de la NASA.

Estas movilizaciones resonaron entre diferentes grupos políticos de la época, y el 10 de octubre de 1984 se inauguraba el Planetario más moderno en Latinoamérica, con instrumentos importados desde la desaparecida Alemania Oriental e instalados en un sector estratégico para complementar la ruta educativa y cultural de la zona norte de Medellín.

Desde 2011, con el apoyo de la Alcaldía de Medellín, Bancolombia y diversas comunidades astronómicas de la ciudad, el Parque Explora desarrolla el exigente proyecto de renovar el Planetario Municipal Jesús Emilio Ramírez González. Un grupo interdisciplinario construye atractivas experiencias de conocimiento participativo. El eje de esta transformación será un nuevo centro de visualización científica que, como gran atributo, tendrá el de permitir no sólo contenidos astronómicos sino otros que subrayan las ciencias como poderosas aventuras culturales.

¿Quién era Jesús Emilio Ramírez González?

Jesús Emilio Ramírez González (1904 - 1981) nació en Yolombó, Antioquia; fue un sacerdote dedicado a las ciencias de la tierra y una de sus principales aficiones era la astronomía. Se desempeñó como Director del Instituto Geofísico Internacional y en la época de inauguración del Planetario era considerado el científico más eminente del país con importantes reconocimientos a nivel internacional: fue miembro de la Academia de Ciencias de San Luis, Missouri, y de la Academia de Ciencias de Missouri; en Colombia la primera organización científica nacional de la que formó parte fue la Academia de Ciencias Matemáticas, Físicas y Naturales en 1944 y en los años posteriores perteneció a todas las demás.

Quién era Jesús Emilio Ramírez. Bajar PDF 



jueves, 15 de mayo de 2014

LA EDUCACIÓN PROHIBIDA

Hoy 15 de mayo celebramos el día del maestro, es por eso que nuestra programación incluirá documentales sobre el tema de la educación. Y no podía faltar esta magnífica película que cuestionará la metodología académica que se imparte en casi todas las escuelas, colegios y universidades.
Link del canal Horizontes TV o verlo en la pantalla del canal abajo de esta página, hoy 8 P.M. (Hora de Colombia)


Realización

La realización de la película no siguió los esquemas o formulas tradicionales. Optamos por experimentar con diversas técnicas, géneros y estéticas. “La Educación Prohibida” es un documental que incluye una historia de ficción y escenas animadas. Disponibilizamos el guion de la parte documental y de la ficción y alentamos su adaptación y re-interpretación.

Por otro lado, los costos de realización de la película fueron cubiertos en su totalidad con un sistema de financiación colectiva. Un total de 704 coproductores hicieron su aporte y logramos cubrir el 108% del presupuesto total.

Para la realización técnica de la película y en las plataformas web empleamos gran cantidad de herramientas de Software Libre.

¿Qué es?

La Educación Prohibida es una película documental que se propone cuestionar las lógicas de la escolarización moderna y la forma de entender la educación, visibilizando experiencias educativas diferentes, no convencionales que plantean la necesidad de un nuevo paradigma educativo.

La Educación Prohibida es un proyecto realizado por jóvenes que partieron desde la visión del quienes aprenden y se embarcaron en una investigación que cubre 8 países realizando entrevistas a más de 90 educadores de propuestas educativas alternativas. La película fue financiada colectivamente gracias a cientos de coproductores y tiene licencias libres que permiten y alientan su copia y reproducción.

La Educación Prohibida se propone alimentar y disparar un debate reflexión social acerca de las bases que sostienen la escuela, promoviendo el desarrollo de una educación integral centrada en el amor, el respeto, la libertad y el aprendizaje.

Sinopsis

La escuela ha cumplido ya más de 200 años de existencia y es aun considerada la principal forma de acceso a la educación. Hoy en día, la escuela y la educación son conceptos ampliamente discutidos en foros académicos, políticas públicas, instituciones educativas, medios de comunicación y espacios de la sociedad civil.Desde su origen, la institución escolar ha estado caracterizada por estructuras y prácticas que hoy se consideran mayormente obsoletas y anacrónicas. Decimos que no acompañan las necesidades del Siglo XXI. Su principal falencia se encuentra en un diseño que no considera la naturaleza del aprendizaje, la libertad de elección o la importancia que tienen el amor y los vínculos humanos en el desarrollo individual y colectivo.

A partir de estas reflexiones críticas han surgido, a lo largo de los años, propuestas y prácticas que pensaron y piensan la educación de una forma diferente. “La Educación Prohibida” es una película documental que propone recuperar muchas de ellas, explorar sus ideas y visibilizar aquellas experiencias que se han atrevido a cambiar las estructuras del modelo educativo de la escuela tradicional.

Más de 90 entrevistas a educadores, académicos, profesionales, autores, madres y padres; un recorrido por 8 países de Iberoamérica pasando por 45 experiencias educativas no convencionales; más de 25.000 seguidores en las redes sociales antes de su estreno y un total de 704 coproductores que participaron en su financiación colectiva, convirtieron a “La Educación Prohibida” en un fenómeno único. Un proyecto totalmente independiente de una magnitud inédita, que da cuenta de la necesidad latente del crecimiento y surgimiento de nuevas formas de educación.
Fuente: La educación prohibida.com


miércoles, 14 de mayo de 2014

LA VIDA ES UNA SEMANA

“¿Qué es el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo se. Pero si tuviese que explicárselo a alguien no sabría como hacerlo.”
-San Agustín (354-430)

El tiempo transcurre tan rápido para nosotros los mortales y tan lento para el cosmos. No puedo definirlo, y creo que los más avanzados genios tampoco. Estos únicamente suponen y garabatean en sus tableros teorías y complicadas operaciones matemáticas.

 Solo sabemos que de alguna manera el tiempo actúa en sincronía con nuestras células, que en un momento comienzan a marchitarse. Un día somos un niño que se duerme y que al despertar ya está al final del camino, la vida es una semana. 

Primera entrega.
Como apenas estoy escribiendo estos retazos de la vida los iré agregando por partes, comienzo con el domingo, ese día rojo de mis recuerdos.

Día domingo.


Me despertaron los repiques de las campanas de la iglesia que invitaban a la misa de seis, sus repiques metálicos mezclados con la neblina de la mañana me sacaron a ese rojo domingo de mayo. Y era rojo porque cuando estaba niño para mí los días tenían sus propios colores.

Desde la cocina me llegaban los sonidos familiares de la casa, las voces de mi madre y las muchachas del servicio, el traqueteo de la máquina en la que molían el maíz cocinado para hacer las arepas. También oía el crepitar de los carbones del fogón de leña, el tintineo de las cucharas y el sonido del chorro del lavaplatos que se mezclaba con el ruido que producen las tasas y platos cuando los lavan.

Me acomodé de costado en mi cama y vi a través de la puerta entreabierta de mi cuarto como los rayos del sol ya se habían instalado en el patio obligándome a entrecerrar los ojos. Era un patio grande y tenía suficiente espacio para recibir la visita diaria del sol, además allí estaban las matas que tanto amaba mi madre, las begonias, anturios, orquídeas, bifloras, helechos, balazos, azucenas, margaritas, y aferrada a un muro, la batatilla (La flor sencilla, la modesta flor).

Desde la cocina me llegó un olor de huevos revueltos con hogao, ese olor característico del sofrito de cebollas y tomate, no faltó el aroma del chocolate que soltaba sus excelsos vapores entrelazados con el rítmico ruido del  molinillo que giraba en la chocolatera. Recordé que era el día en el que nos llevaban a visitar a los abuelos y sin pensarlo  dos veces me levanté y corrí hacia la cocina por el corredor entablado que llevaba a la cocina para recordárselo a mis padres.

Ese domingo me dieron permiso para bañarme en la poceta, que era una pequeña alberca cuadrada hecha con muros de ladrillo revocado, que si no ancha para mí era lo suficientemente profunda para tragarme hasta la altura del mentón. Era difícil que me permitieran hacer eso, tal vez por ese motivo lo recuerdo tan claramente.

Como era día festivo nos pusieron los mejores trajes para llevarnos a la misa de once. Yo era el más pequeño de los diez hermanos y aún me vestían con pantalón corto. Salíamos en fila india rumbo al templo siguiendo a nuestros padres, debíamos vernos algo así como los patitos  tras su madre.

La plaza era un hervidero de gente y estaba llena de toldillos de madera con techos de lona blanca, era un mercado persa en el que se conseguía de todo, ropa traída de Medellín, perfume de pachú, pañoletas de seda, cobijas, ruanas, sombreros… pero yo no tenía ojos más que para los toldos que vendían golosinas y cuando pasábamos frente a ellos miraba a mis padres con ojos de ternero huérfano y así siempre obtenía un buen algodón de azúcar o un delicioso gaucho de los que hacía Jorge Larita, un argentino que había llegado al pueblo con un circo y que por culpa de un flechazo de Cupido terminó quedándose. El pregón de Larita para vender sus gauchos era: "Con cinco prueba, con diez se ceba y con quince a su casa lleva"

La misa fue larga y aburrida, tan jarta como podía ser para un niño de cuatro años que tenía que aguantarse más de una hora viendo la espalda del cura celebrante, que para empeorar hablaba en latín. Pero la verdad es que había una parte de la misa que me encantaba, era cuando salíamos de ella rumbo a la casa de los abuelos.

Segunda parte del domingo
Visita a los abuelos.

De regreso en casa nos cambiaron de ropa y nos pusieron otra más apropiada para ir a la casa de los abuelos, es que ellos vivían en las afueras del pueblo en una finca cafetera  situada en la vereda de la Amoladora. Nos fuimos caminando y saliendo de la población por el parque de los libertadores llegamos a la zona campestre por la que recorrimos un camino de tierra enmarcado por una frondosa vegetación que inundaba el aire con aromas de helecho y salvia. Entonces se podía escuchar el canto del sinsonte y el sonido de los arroyos que de cuando en cuando atravesaban el mismo camino sacándole ese delicioso olor a tierra mojada.

Entramos a la vereda de Buenos Aires y la primera casa que encontrábamos era la de mi tío Enrique, estaba a la orilla del camino, sus muros eran blancos con zócalos altos pintados de azul al igual que sus puertas. Allí olía a panela, pues mi tío tenía un trapiche grande atrás de su casa, recuerdo las inmensas pailas llenas de miel de caña hirviendo y exhalando ese magnífico aroma de panela. Y no puedo dejar de recordar los bloques de “blanquiao”, una golosina blanca de panela que allí hacían.

Luego de saludar seguimos rumbo a la Amoladora no sin antes pasar por la casa donde tenían la urna de la virgen de la milagrosa, cuya historia ya conté en otra entrada del blog:
La milagrosa

Divisamos el portón de la casa de los abuelos y algunas gallinas salieron a recibirnos, es que las mantenían sueltas y recorrían el lugar como Pedro por su casa. El portón estaba abierto y enmarcaba la casa campesina situada en un pequeño promontorio a unos veinte metros del acceso. La paredes eran blancas, las puertas, ventanas y chambranas del corredor exterior eran de rojo vivo. Parecía esa casa un rubí engastado en todo ese verde intenso del sitio. Mi abuelo estaba sentado en un taburete de cuero que tenía recostado en la chambrana, su pelo ya estaba completamente blanco, tenía el aspecto de un patriarca bíblico, su rostro era blanco y sonrojado y sus ojos azules como el cielo primaveral de ese día. La abuela estaba echándoles maíz amarillo a las gallinas mientras les cantaba el cutu,cutu, cutu…

Al vernos se alegraron y nos recibieron con tiernos abrazos, como los niños somos tan interesados todos rodeamos al abuelo que como siempre abrió sonriente su carriel y comenzó a repartirnos monedas de cinco centavos. Es que con cinco centavos podíamos comprar muchas golosinas.

Saludados los abuelos nos desperdigábamos a correr por la finca, a saltar y a miquear subiéndonos a los árboles. Me entretenía mucho mirando a algunos peones que esparcían los dorados granos de café sobre el tablado de una secadora corrediza para que se secaran con el calor del sol. Las matas de café parecían arbolitos de navidad y sus rojos frutos las bolas de adorno. La cosecha ese día era generosa y las chapoleras llenaban prontamente las canastas que llevaban adosadas a sus espaldas. Yo le pedí a una de ellas una canasta para ayudar a recoger café, en medio de risas una de ellas me amarró una pequeño canasto a mi cinturón, pocas veces he sido tan feliz como ese día en el que llené varias canastas de café y en el que me comí varios frutos, eran de un sabor dulzón y eran de consistencia babosa.

El tío José llegó y nos invitó a ver el sitio por el cual surgía el agua de la finca, es un nacimiento de agua nos dijo, mientras señalaba orgulloso el punto del que salía a borbotones el agua más fresca deliciosa y limpia que he visto, el tío José había canalizado esa agua por unos canalones de guadua partidos a lo largo por la mitad, canalón tras canalón conducían el precioso líquido loma abajo hasta una poceta ya cerca de la casa. Desde ahí ya tenían instalada una tubería normal de acueducto hasta los servicios de la casa.

A mí me pareció una megaobra de ingeniería, y la verdad aún me lo sigue pareciendo pues me ratifica la recursividad de nuestra gente, que a veces con poco hace mucho.

Nos llamaron a gritos desde la casa, el almuerzo estaba listo. La mesa estaba en el corredor, tenía un mantel de tela de calamaco con cuadros rojos y verdes, ese día nos sirvieron un plato de frisoles con coles y cilantro como solo  ellos sabían hacerlo, el seco era arroz, carne de cerdo, ensalada, papas, tajadas de plátano y arepa. La sobremesa era leche acabada de ordeñar. Si quiere más que le piquen caña…

El día pasó rápidamente y emprendimos el camino hacia el pueblo cuando ya se escuchaba el croar de las ranas y las guacamayas volaban formando escuadrones en V rumbo a sus nidos. Llegamos como a las seis de la tarde, cuando ya los coloridos arreboles del atardecer eran un bello fondo para las torres de la iglesia.
Mañana será otro día.


DÍA LUNES.

Esa vez me despertó el pito del tren de las seis de la mañana, a pesar de que el tren pasaba por el costado oriental del río a varios kilómetros de mi casa se escuchaba el silbato de la locomotora fuerte y claro, es que la ciudad en esos años aún no había sido invadida por el ruido y el descontrol por el que ahora pasamos y que en medio de mi irremediable optimismo pienso que superaremos para volver al estilo de los bucólicos tiempos idos.

En este lunes blanco mi primer recuerdo al despertar fue que ese día sería mi primera comunión, nos habían preparado durante quince días en la catequesis de la parroquia, ya sabíamos que hacer durante la ceremonia, cuando arrodillarnos, cuando pararnos, cuando sentarnos.

Importantísimo era que cuando recibiéramos la sagrada hostia no podíamos masticarla, había que esperar a que ella de diluyera lentamente en la boca, si la masticábamos por error sería cosa muy delicada pues el divino cuerpo de Cristo quedaría multiplicado en multitud de pedacitos, imagínense, nos decían en la catequesis, al cuerpo de Cristo empotrado entre sus dientecitos y muelitas y luego del cepillado de boca arrastrado por el agua del lavamanos hacia las espantosas cloacas de la ciudad. El solo imaginar eso me aterrorizaba, por eso tendría  muy presente no masticarla en el momento de recibirla, eso estaba claro.

En esas cosas pensaba mientras hacía un rato de pereza en la cama antes de levantarme.

Desayuno no habria esa mañana, tenía que hacer ayuno una hora antes de recibir la comunión, los adultos creo que debían hacerlo hasta por dos horas antes. Desde mi lecho podía ver mi vestido bien acomodado en la silla de mi cuarto, un cachaco gis claro: Saco y pantalón. Los zapatos de charol negro brillaban como espejos en el piso al lado de la silla, cuando me los midieron en el almacén los sentí  algo ajustados, es que estaba acostumbrado a ir siempre de zapatos tenis, cuando habría dado por usarlos también en la ceremonia que me esperaba, pero no me lo permitían.

También tendría que usar en la manga derecha el saco, cosida a la altura del hombro, una banda de tela con las imágenes de un copón y una hostia coronadas con las letras JHS (Jesús, hostia santa), lo que menos me agradaba era que tenía que usar un corbatín negro anudado en el cuello de la camisa. El día anterior en la prueba del vestido me sentí  bastante incómodo, pero había que darles gusto a mis padres que me miraban felices como si vieran al príncipe de Gales.

Y dicho y hecho pronto estaba listo con mi disfraz preparado para salir hacia el convento de las hermanitas de La Presentación que era el lugar desde el que saldría el tradicional desfile de todos los que recibiríamos la eucaristía por primera vez. Hacía un calor tremendo a las diez de la mañana mientras las monjas nos acomodaban en la calle en dos largas filas, en una iríamos los niños y en la otra las niñas. Adelante cuatro niños cargaban en andas una imagen del Niño Jesús y luego le seguían otros que llevaban unos palos altos coronados con cintas azules y blancas que ondeaban por el viento hasta de lo más de bonito.

Al fin ya eran como las once de la mañana cuando las hermanitas ya extenuadas nos tuvieron bien formados para iniciar el desfile, es que es más fácil organizar diez micos para una foto que filar un montón de mocosos inquietos para un desfile. Para esa monjitas solo guardo gratitud por su paciencia.

Tan taratán…, La banda Paniagua inició el desfile con marchas religiosas muy ispiradoras y comenzamos a caminar hacia la iglesia, a pocas calles del lugar, Tan, tararatán…

El calor era tremendo y el sol casi nos derretía, los zapatos me tallaban, el hambre me azotaba,  y el corbatín me estrangulaba, tan, taratán…

Si no fuera por la expectativa de los regalos que llevan a las primeras comuniones, por la torta blanca y la piñata, yo me hubiera salido de la fila y seguirá siendo hereje o como se les diga a los que no hacen la primera comunión, pero mentira, algo de fe hbía en aquel niño, aunque no lo entendiera, ni lo entiendo aún, el cuerpo de Cristo morando en esa pequeñísima hostia tal vez provocaría en mí alguna sensación celestial luego de deshacerse en mi boca. Que siga el desfile, Tan, taratán…

Registro de invitación
Entramos al templo y el eco de la música de la banda que se había quedado en el atrio rebotaba juguetona contra las columnas y paredes del recinto. Nos acomodamos todos rápidamente en el lugar que nos tenían asignado y comenzó la ceremonia. Mi pensamiento dominante era acerca de eso de no masticar la hostia, el solo pensar que lo olvidara me preocupaba mucho.

El resto de la historia se redujo a pararse, sentarse, arrodillarse… Olvidé por completo lo de sacarse los guantes durante la elevación, pero el disimulado codazo de mi vecino de asiento me lo supo recordar muy bien. Para qué, pero la oración si me pareció muy bonita y aún la recuerdo bien: “Señor, no soy digno de que entres a mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”.

Estuve bastante nervioso cuando saqué la lengua para recibir la hostia, la verdad no sabía si había que sacarla mucho, poco o muy poco. Tuve que resolver eso en milésimas de segundo mientras el sacerdote extendía como en cámara lenta la sagrada forma hacia mi boca, resolví sacarla en término medio y funcionó de maravilla. Regresé a mi lugar con la cabeza baja y las manos unidas en actitud de humilde oración mientras procuraba no morder la hostia.

Ya en mi lugar me hinqué en el reclinatorio y efectivamente la hostia se deshizo rápidamente, tenía un sabor bastante insípido, muy diferente al que imaginé que tendría el cuerpo de Cristo, realmente lo imaginaba muy cercano al sabor de las obleas que vendían con arequipe en la plaza del barrio, pero era comprensible y lo importante era que ya había hecho mi primera comunión.

En el patio del convento habían dispuesto una largas mesas con manteles blanquísimos para darnos el desayuno, entre  una y otra cosa ya llevábamos un montón de horas de ayuno. Las monjas para esto están sobradas, las mesas estaban adornadas con flores blancas y todo era bonito, la chiquillería llenó por ese rato el silencio habitual del monasterio con sus gritos y barullo, nos sirvieron chocolate caliente con pan y queso, cuando terminamos nos dieron a todos unas estampitas del niño Jesús y nos llevaron a la puerta donde nos esperaban los familiares. Gracias hermanas.

La piñata.

Eran sencillas las piñatas, se hacían en nuestra  propia casa, no en costosos salones de recepciones como las de hoy día. Es que ni existían esos sitios. Ya en el patio que tenían las casas viejas, entre el contraportón y el comedor, en una mesa grande y sin dilaciones nos dieron el desayuno, el de las monjas había sido el aperitivo, mientras comía no me abandonaba una rara sensación entre decepción y culpabilidad, como era que tanto rato después tras la ingesta de la hostia aún no notaba ningún efecto colteral, nada.

Sonó en primer tok, tock en la puerta, el primer invitado había llegado. Era Don Carlos Jiménez, el dueño de la tienda de la esquina y venía con su regalo en la mano, mientras mis padres lo saludaban y acomodaban en la sala yo casi le rapé el paquete de su mano y mientras le daba las gracias corrí  hacia mi cuarto para desempacarlo, era un hermoso mapamundi que giraba y todo y de encima un dominó en una cajita de manera con veinte mil pesos adentro, eso era mucha plata. Verdaderamente comenzaba a justificarse el haberme aguantado la tortura de los zapatos y el corbatín.

Y así poco a poco la casa se llenó de gente. Me dieron muchos regalos y la torta y las sorpresas tampoco estuvieron mal.
Otro día que pasa en mis recuerdos mientras los consigno tecleando en la hoja de Word, seguramente habré olvidado algunos detalles y habré exagerado otros,  pero así más o menos fue que ocurrió. Ya es hora de dormir, mañana será otro día.