sábado, 18 de abril de 2020

CEMENTERIO DE SAN PEDRO

CEMENTERIO DE SAN PEDRO
Camposanto y museo.


Fotografía Rodríguez. BPP.1990

Ana Clarisa Ruiz Quintero

Bueno me llegó el turno a mi.

Les cuento que el cementerio San Pedro es un lugar espectacular. Es el cementerio museo más hermoso que tenemos en Antioquia. Tenemos recorridos guiados gratuitos. Los martes de luna llena, en los cuales se hace un performance, para contar la historia de algunos de los mausoleos y de las esculturas que hay.

Mi papá me llevó pequeña a ese cementerio y me lo mostró con mucho orgullo. Pasados 40 años, volvió a invitarme al cementerio, me contó la historia de cada una de las personas que moran en ese lugar, con orgullo único me contaba a quienes conoció él
personalmente o por referencias del periódico El Colombiano. Porque él decía que el que no conoce su historia está condenado a repetirla. 

Me indicó porque el cementerio es como una ciudad de los muertos, en la cual existían clases sociales, al centro los ricos con sus hermosos y grandes mausoleos, hermosas esculturas, con espacios abiertos, hermosos jardines y alrededor del cementerio las galerías, donde moran las personas de menos recursos económicos. 

También visitamos la capilla, hermosa y enigmática. Lo que más admiro fuera de las esculturas, fueron los hermosos jardines y los epitafios, qué decían cosas tan hermosas como: 
Aquí yace un padre amoroso, esta es la madre más abnegada, sigue soñando en la eternidad, no te has ido te adelantaste, espéranos pronto te seguiremos, todos vamos para allá así estemos acá.

En fin epitafios que tú escuchas que tú lees y te parecen increíbles, epitafios que te dan tranquilidad, epitafios que ensalzan a los muertos, por ahí dicen que no hay niño feo ni muerto malo y a la hora de la verdad es cierto.


Coche fúnebre Funeraria Betancur. Años 40s.

Allá pude encontrar desde el rico más rico, hasta la persona más humilde, escuché de algunos guías interpretativos, la forma como enterraban a los muertos en la época de la violencia de los años 80, les llevaban mariachis, les llevaban papayeras, les llevaban  grupos vallenatos y duetos para despedir a sus seres queridos. También me llamó la atención ver cómo había familias que le pagaban a unas señoras para que lloraran a los muertos, porque ellos no eran capaces de derramar una lágrima en público, y a esas señoras se les pagaba por su servicio. 

Pero más raro fue ver que una costumbre propia de la costa se estuviera haciendo aquí en Medellín. 

Entonces los cementerios cuentan la historia con cada uno de sus muertos.

El cementerio San Pedro es un lugar turístico por excelencia. Muchas personas vienen a ver la historia contada desde la muerte.

Un abrazo virtual para todos especial para el señor Dario Zapata Restrepo, mil Gracias por podernos documentar, actualizar, aprender y a veces hasta evocar el pasado.


Fotógrafo Gonzalo Escovar. BPP.


Esta historia fue tomada del grupo Medellín viejito en Facebook, con autorización de su autora.

PANDEMIA

Poco a poco los vendedores ambulantes regresan.
La necesidad tiene cara de perro.



"Pueden pasar millones de años más de evolución y las decisiones que toman los humanos estarán basadas en dos conceptos, lo correcto y lo necesario, que generalmente están en contraposición"

La situación de esta cuarentena está obligando a que cada vez más personas renuncien a comer. No se trata de renunciar a la merienda a media mañana o media tarde como en muchos hogares, eso es vivir en el lujo. Se trata de saltarse una, dos, o todas las comidas principales. De engañar al estómago con un mango o una gaseosa con pan… Y luego dormir para no sentir más hambre y poder soñar con una mesa llena. Hay ayudas estatales, pero a muchos no le han llegado.

Esa necesidad está llevando a mucha gente a jugarse la vida corriendo el riesgo de contagiarse con el virus, o de trasmitirlo. 

Cuando el hambre aprieta, cualquier cosa es buena para calmar los gritos de una barriga vacía.

lunes, 13 de abril de 2020

COVID-19

Un virus que llegó para quedarse.
(Actualizado diciembre 29/2020)




El Coronavirus, ahora llamado COVID-19 nos cayó de sorpresa como un baldado de agua fría. Sobre su origen todo lo que se dice hasta ahora es mera especulación. Lo cierto es que ya sabemos que su propagación ha sido vertiginosa y que ha alcanzado a casi todos los países del mundo convirtiéndose en una verdadera pandemia.

En las noticias y en general en todos los medios no se habla de otra cosa. Los gobiernos han ido tomando medidas y controles que han alivianado, pero aún no detenido, su propagación. No existe la vacuna para evitar esta enfermedad que afecta más gravemente a los ancianos y a las personas con problemas preexistentes.

Muchos laboratorios alrededor del mundo trabajan arduamente para desarrollar la vacuna que nos libere de este mal, pero como ese será un proceso que no lograrán en menos de un año, por tener que cumplir las estrictas normas que evalúan su seguridad y eficiencia.

Dada la gravedad de la situación, la OMS y los gobiernos de los principales países del mundo autorizaron la aplicación de las primeras vacunas desarrolladas con la opción de ser de carácter urgente.  Cuando comience esto y se aplique la vacunación universal, las cosas empezarán a normalizase poco a poco. En Colombia empezarán a vacunar  a los mayores de 80 años y a los miembros del personal de salud en el mes de enero y febrero del año 2021.

Mientras tanto debemos prepararnos para convivir con el coronavirus, guardando estrictamente las recomendaciones que se impartan. La vida debe continuar, aún sea en medio de un riesgo, que afortunadamente podremos menguar con un responsable comportamiento y un efectivo control que garantice esto.

La cuarentena terminará, pero las cosas serán muy distintas. Estaremos de la casa al trabajo y de trabajo a la casa; igual será para los estudiantes. Quien sabe por cuanto tiempo no habrá bares, discotecas y conciertos. Los amantes del fútbol se tendrán que conformar con ver repeticiones de viejos partidos y más tarde, tal vez, el reinicio del torneo oficial en estadios con puertas cerradas a través del canal pago de la Federación. La internet, la radio y la televisión serán nuestras ventanas al mundo exterior. Los tapabocas evolucionarán a artilugios más duraderos y efectivos.

Ojalá no pase mucho el tiempo para salir de esta situación, pero igual debemos aceptar que el asunto puede alargarse mucho. Podemos, eso sí, aprovechar para estrechar los lazos familiares y fraternales, dedicar tiempo para leer o escribir, cuidar el jardín y repartirnos las tareas del hogar, incluyendo en esto a los niños y jóvenes; en la medida de sus capacidades. Regresarán los juegos de mesa y las tertulias familiares.

Paul Fürst, grabado de un médico de la plaga de Marsella. 1721.

Aunque para nosotros esto es una novedad, el mundo a pasado por graves epidemias anteriormente. Recuerdo en especial una que leí en una vieja historieta que con ilustraciones mostraba el importante papel que tuvo Nostradamus para controlar la peste bubónica en el renacimiento, y que quiero contarles ahora de memoria:

Cuando llegó a la Francia del Renacimiento el azote de la peste bubónica, que arrastró con su guadaña de la muerte a miles de personas entre los que se incluiría a la propia esposa e hijos de Michel de Nostradamus, este se dedicó a combatirla con relativo éxito, al asociar su propagación con la lamentable situación higiénica de la sociedad en ese tiempo.


Por ejemplo, luego de enterrar o incinerar a las víctimas de la peste, los sobrevivientes heredaban y usaban sus trajes contaminados y seguían viviendo en las casas sin ni siquiera limpiarlas. Nostradamus, que era médico, intuyó que estas malas prácticas eran las que atizaban la dura epidemia de la peste bubónica y comenzó a pedirle a la gente que quemaran las ropas de los difuntos y asearan los muros y pisos de las casas.

Viajó por muchos pueblos en esta dura campaña, aportando sus importantes consejos que fueron de gran utilidad para evitar tanta mortandad.

Ahora, médicos, enfermeras y especialistas de la salud han comenzado esta lucha para ayudar a controlar lo más pronto posible esta pandemia que nos ha hecho conscientes de nuestra fragilidad y vulnerabilidad.

Pero pase lo que pase, una cosa si es segura, el COVID-19 llegó para quedarse y convertirse finalmente en una enfermedad endémica.

lunes, 30 de marzo de 2020

ASTROPUERTA ABRIL DE 2020



Hola:

Vamos a aprovechar el tiempo disponible. Cursos en temas de astronomía gratuitos, en inglés y español en el siguiente enlace:

cerebro digital cursos online gratis

Y actividades de astronomía y el espacio para niños:
Caminos

En seguida los eventos y las efemérides históricas del mes de abril 2020.

Saludos

Germán Puerta
Bogotá, Colombia
astropuerta
cel: 3153473859
Twitter,Instagram: astropuerta
Facebook: Germán Puerta Restrepo

1. Principales eventos celestes de abril 2020

Miércoles 1 – Luna en cuarto creciente
Viernes 3 – Conjunción de Venus y las Pleiades
Miércoles 8 – Luna llena
Martes 14 – Luna en cuarto menguante
Martes 14 – Conjunción de la Luna y Júpiter
Miércoles 15 – Conjunción de la Luna y Saturno
Jueves 16 – Conjunción de la Luna y Marte
Jueves 23 – Luna nueva
Jueves 30 – Luna en cuarto creciente

2. Principales efemérides históricas de abril 2020

Jueves 2 – 1845: Primera fotografía del Sol
Viernes 3– 1966: La sonda Lunik 10, primera nave en orbitar la Luna
Viernes 10 – 2019: Se publica la primera imagen de un agujero negro
Sábado 12 – 1961: Yuri Gagarin, primer hombre en el espacio
Sábado 12 – 1981: Lanzamiento del Columbia, primer Transbordador Espacial
Martes 14 – 1629: Nace Christiaan Huygens, descubridor de la verdadera forma del anillo de Saturno                    
Viernes 17 - 2014: Se confirma el descubrimiento del exoplaneta Kepler-186f, el primero similar a la Tierra en tamaño, composición y distancia a la estrella
Domingo 19 – 1971: La Unión Soviética lanza la primera estación espacial, la Salyut 1
Jueves 23 – 1967: Accidente mortal del cosmonauta Vladimir Komarov en la nave Soyuz 1
Viernes 24 – 1970: China lanza su primer satélite artificial
Sábado 25 – 1990: Lanzamiento del Telescopio Espacial Hubble
Domingo 28 – 2001: Dennis de Tito, a bordo de la Estación Espacial Internacional, primer turista en el espacio                   
Nota 1: Esta información puede transmitirse libremente.

FESTIVAL DE ANCÓN 1971

Tres locos días de catarsis.

Bajo el lema Es cuestión de fe y nos unimos todos con música, se dio inicio al festival el 18 de junio.




La mayoría de las fotos son de Horacio Gil Ochoa.

Solo a Gonzalo Caro, "Carolo", se le pudo ocurrir un evento como este, que estaba en contravía con la "recatada"sociedad de esa Medellín de los años setentas. Carolo contó que concibió este evento durante un  sueño psicodélico que tuvo durante un paseo que hizo a San Andrés Islas, en compañía de la tropa nadaísta encabezada por Gonzalo Arango. Cuando les contó su idea todos rieron y le dijeron que estaba loco. Es que Carolo en ese momento era el más jóven del grupo y hasta le decían "la mascota". Por eso Gonzalo Arago dijo:
- "Muchachos, se nos enloqueció la mascota".


Gonzalo Caro Carolo en su Caverna

Solicitaron al alcalde de Medellín de esa época, Álvaro Villegas Moreno,el permiso para hacer el festival, y sorprendentemente en muy corto tiempo lo obtuvieron.

Para suerte de los organizadores el evento contó con el apoyo incondicional del alcalde, que por su papel en la realización fue calificado de forma exagerada como "el alcalde hippie" por el diario El Colombiano. 
Álvaro Villegas fue destituido por obra y gracia del cura Fernando Gómez, el de La Hora Católica, que desde la emisora y el púlpito prohibía asistir al festival, bajo la amenaza del pecado mortal. Curiosamente estas prohibiciones solo exacerban la curiosidad de la gente.




Entre el 18 y el 20 de junio de 1971 se realizó este festival en en La Estrella, Antioquia, municipio próximo a Medellín. Debido al impacto del evento en los medios y a la amplia difusión que tuvo, ha sido catalogado en numerosas ocasiones por la prensa como el "Woodstock colombiano".

Dicen que Carolo escogió el terreno de Ancón Sur para hacer el evento, porque lo visitaba con frecuencia por la abundancia de hongos alucinógenos que siempre encontraba allí.




Aunque no participé, si estuve "loliando"* desde la carretera, (Flecha). Abajo, en medio de una nube de humo, centenares de jóvenes disfrutaban la estridente música que no paró de sonar en esos tres días de amor y paz.
Llegar al sitio se me hizo eterno, pues la carretera no aguantó la caravana de carros y buses que colapsaron el tráfico.

Para llegar al lugar de la reunión había que pasar un puente provisional que habían instalado. Era cuestión de decidir si cruzarlo o no. Yo no lo crucé y preferí quedarme observando; además la entrada era con las boletas que habían vendido, dicen que no quedó ni una. Las boletas del encuentro se vendieron rápidamente en Cartelan Día, en el Pasaje Junín y en el Tijuana de Itagüí. Los hippies llegaron a Medellín al Parque Bolívar y allí a punta de dulzaina, guitarra y trova esperaron calmados la hora cero para partir al Parque de Ancón, en La Estrella. Se vendieron boletas a 13 pesos con 20 centavos, las cuales se agotaron rápidamente.

Yo estaba muy joven aún y estudiaba en un colegio católico, por eso tengo que reconocer que me amedrenté con ese ambienta tan extraño. Los vendedores de "Dulces pasaban con sus bandejas de madera pregonando su producto con una sola palabra:
- Cosa, cosa, cosa.
Así se le decía también al bareto: cosa.
* Loliando: Colombianismo: Curiosear


¿Pasar o no pasar? He ahí el dilema.

El puente de hierro y madera colocado por las autoridades sobre el río Medellín se volvió una autopista de hippies que eran requisados, superficialmente, por Gonzalo Caro, ‘Carolo’, que aparte de ser el encargado de decomisar el aguardiente, era reconocido como el gestor, promotor y creador del Festival. Quién iba a pensar que aquel hombre meses atrás se reconocía como integrante activo de los grupos de manifestantes de la Universidad de Antioquia, de esos que realizaron una serie de cuarenta manifestaciones que terminaron con la renuncia del alcalde Ignacio Vélez Escobar tras la visita del banquero David Rockefeller a Colombia en 1968.


El aroma de la canábis invadía la atmósfera y por el río Medellín vimos bajar arrastrados por la corriente a unos muchachos que fueron rescatados por la Cruz Roja. Algunos fueron atrapados por las aguas del río cuando intentaban vadearlo para entrar "de gorra"; por no tener el dinero para pagar la entrada. Otros si se lanzaron al río movidos por la euforia del momento. 

Cuando los veían bajar, todos lo alertaban a gritos: - AHÍ VA OTRO. Los rescatistas lanzaban sus manijas y los ponían a salvo. Milagrosamente nadie se ahogó. El río Medellín en ese sitio corría por un cause muy estrecho y lleno de rocas grandes. 

La gente llegó a La Estrella cómo pudo: en carro, en avión, jalando dedo o a pata, todo valía con tal de no perderse ese concierto histórico. Llegar a Ancón fue complicado por el trancón de vehículos que se armó. La juventud desenfrenada dormía en carpas, hamacas o en donde caían agotados por los "viajes". La comida y el agua se repartían entre todos y el que se animaba se botaba al río para refrescarse.



Leonardo Nieto, el dueño del Salón Versalles, fue el primero en patrocinar el festival. Cinco mil pesos de la época, más la responsabilidad de servir de fiador para que Manuel Arcila, el dueño del chance en la ciudad, le prestara al evento otros cincuenta mil a interés. Nieto quedaría tan contento con el festival que al momento de la devolución del dinero le dijo a ‘Carolo’ que dejara eso así, que aquel evento había sido un cambio radical. (Felipe Hincapié)


En un principio la entrada costaba 13 pesos con 20 centavos, pero llegó tanta gente que acabó siendo gratuito. 42 días demoró la organización del festival cuya atracción principal era una enorme tarima, de unos dos metros de altura, levantada a mitad de un potrero. Al lugar se ingresaba mediante un puente de madera que colgaba sobre el río Medellín. La empresa responsable del sonido era de Hernán Vélez y, según algunos comentarios en Facebook, era lo mejor que había en el país en aquella época.




Desde que se supieron las intenciones de ‘Carolo’ para con la ciudad las mentes más conservadoras pusieron el grito en el cielo. El mero hecho de pensar en un evento donde se juntarían los jóvenes hippies e ‘inbañables’ era para las altas esferas de la ciudad un despropósito, pues era la excusa perfecta, según ellos, a la perversión, el mal turismo, la aglomeración de vagos y desadaptados y a la humillación de toda la tradición cristiana que había tenido la culta, honorable y digna Medellín.


Tanto así que el padre Fernando Gómez Mejía, a través de su programa radial La Hora Católica, decretó que era pecado mortal ir a Ancón, lo que sin embargo aumentó la expectativa y las ganas de asistir de los jóvenes. “Como la gente no era tan mala, la mínima oportunidad de pecar la aprovechaban, y el pecado mortal era una oferta muy tentadora”, afirma ‘Carolo’.



Para asegurarse de que la fuerza pública no dañara la fiesta, lo primero que hicieron Gonzálo Caro y Humberto Caballero, los organizadores, fue conseguir el apoyo de las autoridades. El encargado de inaugurar la fiesta fue el alcalde Álvaro Villegas Moreno y La Real Sociedad del Estado, una banda de rock bogotana, arrancó con la música. Durante esos tres días llegaron personas de todo el país y de todas las clases sociales. 

“Nos conocimos todos los hippies de Colombia”, dice Augusto Martelo, un bajista conocido por tocar en la banda de rock Crash quién se presentó en el festival con dos grupos de rock: La Planta y Hope. Según Martelo, muchos extranjeros asistieron, atraídos por ese derroche de alegría y libertad. (Juan Sebastián Barriga Ossa)




Poco a poco la ciudad fue volviendo a su normalidad. Álvaro Villegas fue destituido por obra y gracia del cura Fernando Gómez, el de La Hora Católica. Los hippies se fueron a sus casas paulatinamente, los jóvenes se cortaron sus melenas, volvieron a misa y dejaron pasar aquel fin de semana donde no les importó nada, nadaron desnudos, probaron la marihuana o el LSD, perdieron la virginidad y conocieron el rock n roll. (De Ancón y otros demonios de la Medellín goda.) Felipe Hincapié.

Fue una catarsis, un grito de protesta  contra una educación que restringía, que anulaba la libertad de ser y hacer. Muchos volvieron a sus vidas transformados en seres libres y creativos, ajenos al miedo, dispuestos a enfrentar los retos de la vida. De allí surgieron grandes líderes, empresarios, músicos, escritores y artistas pletóricos de creatividad. 

Soñadores de sueños posibles. Ahora luego de más de cuarenta años son abuelos y abuelas amorosas, sexagenarios de bluyín y tenis a los que solo se les envejece su cédula.



lunes, 23 de marzo de 2020

LA MUERTE VIAJA EN ESCALERA

La muerte tenía veinte años cuando llegó al pueblo en un carro de escalera. Y no tenia guadaña, sino un machete que amolaba a su manera. Era el machete más filudo que habían visto en La Pradera. No era un esqueleto de negra túnica vestida; esta muerte era distinta, joven, melancólica y agorera.





Simón salió esa mañana del año cuarenta y cuatro a revisar sus cafetos luego de tomarse los tragos que le preparó su esposa. Apenas comenzaban a verse los destellos del sol que pronto saldrían sobre los verdes cerros del oriente. La neblina aún flotaba sobre el pastizal cuando tomó el camino que conducía a los cafetales.

Su hijo Jorgito resolvió seguirlo ese día, según él para ayudarle en sus tareas. Su padre se detuvo por un momento, y sonrió mientras le chantaba al niño su sombrero. Cuando llegaron al cultivo, Simón comenzó a retirar la mala hierva con su azadón, mientras Jorgito se internaba en los sembrados, comenzando a coger los granos más rojos, y echándolos en el sombrero.

Todo marchaba bien en esos parajes que ya se llenaban con los trinos de los sinsontes y los turpiales.

El silencio se rompió con el estruendo de una detonación. Jorgito corrió a buscar a su padre y antes de llegar al sitio, aterrado y escondido entre las ramas, pudo ver a su papá tirado en el piso con su camisa manchada con sangre; mientras un hombre lo remataba con otro balazo. 

El malvado miró hacia el sitio donde estaba el niño, pero no pudo verlo, pues este pudo contener el grito que se atoraba en su garganta.

Los años fueron pasando y Jorgito fue creciendo al lado de su amorosa madre. Con solo trece años era ya un muchacho alto y fornido que hacía los trabajos de la finca a las mil maravillas.

Pero ese grito aún seguía atorado, y el odio que sentía por el asesino, crecía día a día. por eso amolaba su machete hasta dejarlo como una navaja de afeitar. Ya sabía el nombre del infame, donde vivía y el motivo de su vil acto.

Resulta que el tipo quería, bajo amenazas, comprarle la finca a su padre por chichiguas. Ante tantas negativas se llenó de rabia y resolvió matarlo.

Ese grito quiere salir cada que recuerda esa triste mañana, pero sigue reprimiéndolo mientras lija su machete sobre la piedra de amolar. Toño Morales se llama el infame.

Averiguó por él. Dicen que desde ese día se fue del pueblo y vendió sus tierras. Pero ya tiene algunas pistas sobre su paradero.

Todos los domingos Jorge viaja en buses de escalera al pueblo vecino y recorre sus calles buscando entre el gentío al criminal. Han pasado veinte años desde el triste suceso, y paciencia es lo que le sobra. Él piensa que tarde o temprano se lo topará, para pasarle el filo del machete por la garganta.

Tenia Jorge veinte años cuando un domingo, desde el capacete del camión de escalera distinguió al objeto de su venganza. Se veía algo envejecido, peo sin duda era él. Se lanzó a la calle y corrió hasta alcanzarlo y cerrarle el camino. El hombre palideció, como  presintiendo que algo muy malo pasaba. Se dio vuelta e intentó huir, pero nada pudo hacer, pues el sol se reflejó un instante en el filo del machete que le rebanó la cabeza, 

En aquel pueblo aún recuerdan el grito feroz que se escuchó ese domingo.                             

 

domingo, 22 de marzo de 2020

PRECOGNICIÓN

Entretenimientos de cuarentena.


fotografía de una cocina caótica que se ha hecho viral en Facebook

Ahora nos enteramos de la cantidad de cosas que hay por hacer en una casa. En este tiempo de confinamiento decretado para desterrar al virus COVID-19, debemos colaborar y escoger entre tantas actividades, como barrer, trapear, sacudir, limpiar baños y persianas, cocinar, lavar los trastos sucios, regar el jardín, o ir de carreras a la tienda si se acaban el quesito o las arepas, exponiéndonos al contagio. 

Y la lista aún no termina para muchos, a los que se les agregará, bañar, cambiar pañales, entretener y atender a los niños. Entrar a las redes sociales y escribir en el blog es otra opción interesante.

La decisión era difícil en mi caso, pero al fin resolví  el asunto  al elegir las dos últimas alternativas. He aquí el resultado que espero les guste. Ahora, en verdad hay que sacar tiempo para todo, y hacer otras tareas de la casa.

Déjà vu, déjà vécu, Precognición, Médiumnidad.


Tendría 15 o 16 años cuando tuve una extraña experiencia que ahora no sé si llamarla déjà vu, déjà vécu, precognición o médiúmnidad. Pensándolo bien, el nombre del hecho en realidad  no importa mucho. 


Recuerdo aún el número: 340 62

Era un domingo en la mañana cuando desperté y no quise levantarme, pues no había colegio. 

Decidí quedarme en la cama otro "ratico" haciendo pereza, mientras escuchaba los agradables sonidos que llegaban desde la cocina. Oía el chirrido metálico de la máquina de moler, el batir acompasado del molinillo en la chocolatera; y los deliciosos aromas del cacao y de las arepas que se asaban. 

Escuchaba la conversación de mi madre y mi hermana cuando el timbre del viejo teléfono de pared sonó fuertemente. La curiosidad me invadió y puse especial interés para enterarme de quien sería esa llamada tan tempranera.

Mi hermana contestó y agucé mis oídos:

- Hola querida, ¿como estás, que hay de nuevo?
- ¿Cómo así?, ¿María Emilia se quebró un brazo?
- ¿Y como está?, bien, que bueno que ya está en casa. "Saludes" a todos. Esta tarde iremos a visitarla.
- Hasta luego.

Satisfecha mi curiosidad volví a dormirme por un rato. Un poco más tarde me levanté y fui directo a la cocina a preguntar sobre la novedad de la prima Maria Emilia. La respuesta que me dieron me hizo pensar que me estaban tomando el pelo.
- ¿Maria Emilia?, no sabemos nada de ella hace algún tiempo, seguramente soñaste eso.

En ese momento el viejo teléfono Ericsson negro volvió a timbrar; me quedé expectante mientras mi hermana lo atendía así:

- Hola querida, ¿como estás, que hay de nuevo?
- ¿Cómo así?, ¿María Emilia se quebró un brazo?
- ¿Y como está?, bien, que bueno que ya está en casa. Saludes a todos. Esta tarde iremos a visitarla.
- Hasta luego.

Mi hermana regresó a la cocina y nos quedamos pasmados sin entender lo que había pasado.

domingo, 15 de marzo de 2020

UN ADIOS AL TEATRO JUNÍN

Se vende la mejor esquina de Medellín. 1964



A los medellinenses no les dolió la desaparición del edificio Gonzalo Mejía; a lo mejor a algunos músicos, arquitectos, poetas, locutores, gente que todavía hoy es minoría. La nostalgia vino después con las generaciones posteriores, las redes sociales, la idealización.

No son elogios a la nostalgia, la idea es hacer un cuestionamiento a qué se va y qué se queda en esta ciudad; una ciudad donde hace tiempo no hay espacio para construir, y por nuestro espíritu, de la industria y la plata, lo primero que se va es lo más antiguo, el patrimonio, sin entender que todo lo antiguo sea patrimonial.

Un jueves de abril de 1964 los medellinenses leyeron la noticia en El Correo:

- Doctor, ¿es cierto que el viejo Teatro Junín va a ser vendido en remate?

- El lote donde está el Teatro Junín, el Hotel Europa y otros establecimientos comerciales pertenece a la denominada Comunidad del Junín, explicaba Alberto Isaza, abogado. Algunos de los comuneros no quisieron continuar en la indivisión y solicitaron a esta oficina procediera liquidar oficialmente. Como esta comunidad no es susceptible de dividirla materialmente, pedimos al señor juez 19 civil del circuito la división por venta”.

Según la nota de prensa, los peritos Paulino Londoño y Bernardo Penagos avaluaron la propiedad en 8.281.298 pesos.

Esa es otra característica del antioqueño: le encanta demoler para después comprar nostalgias.

A mediados de los cincuenta “moscas de todos los colores” llegaron a Medellín. El sueño burgués de un solo tipo de gente, de cine y de música empezó a extinguirse. Aparecieron los ídolos musicales, la radio, el fútbol y surgieron los otros. La violencia bipartidista y los años dorados de la industria textil fueron las dos caras de una moneda llamada explosión demográfica y la élite medellinense abandonó el centro de la ciudad.

El Junín se convirtió en un teatro popular, con pulgas y trifulcas, en reinados de belleza al que ni los hermanos Doménico pudieron salvar. El Hotel Europa había desaparecido de las noticias de prensa, casi con la misma construcción del Nutibara.

- El teatro no duró ni cuarenta años, dice Agudelo mientras vigila a Apolo, su perro: - El edificio estaba en ruinas, pero eso tiene otro problema: ¿por qué una ciudad no lucha por conservar su teatro más importante? 


Demolición del Edificio Gonzalo Mejía. Foto de Digar, 1968.

La demolición del Hotel Europa fue una cosa tristísima: "los obreros apostaban a ver quién rompía más vitrales; unos vitrales, suntuosos, traídos desde Europa".

- Yo digo que ya deberían estar demoliendo el Coltejer. La afirmación un arquitecto en ese entonces parece temeraria, pero tiene su explicación: La casa de Los Jaramillo, que estuvo antes en esa esquina, había sido levantada en 1880 y fue demolida antes de 1920; y el Gonzalo Mejía, ese edificio imponente, fue construido en el 24 y demolido en el 68. Medellín antes tiene algo de memoria, antes no se ha autodestruido.
Fuente: Centro de Medellín. Mapa ilustrado.



Teatro Junín. Digar, 1964

Si hubieran existido la internet y las redes sociales en ese tiempo, seguramente otro sería el cuento. 

Era muy poco lo que los ciudadanos de a pie podíamos hacer entonces. Estuve el la última función que hicieron en el teatro Junín como despedida. Con aforo completo, hubo, tríos musicales, bailarines, magos y otros artistas, Fue una presentación muy regularcita y larga; tanto que me retiré por literal agotamiento. 

Pero fue bueno despedirse del querido y hermoso teatro Junín.

La demolición comenzó en el año 1968, y cuando uno pasaba y veía esto, era impresionante. Solo quedó un gran agujero que hicieron, según decían, para anclar un sistema de deslizadores en los que irían las bases del rascacielos que levantarían allí.

Edificio Coltejer. Juan Fernando Ospina


Teatro Junín.

Octubre de 1924 - Octubre de 1967.




Cuando se demolió el edificio Gonzalo Mejía, este solo llevaba funcionando 43 años, no era aún un edificio antiguo, pero sí una joya arquirectónica diseñada en 1922 por Agustín Goovaerts, arquitecto belga que tanto aportó al urbanismo antioqueño.

En la madrugada del 4 de octubre de 1967, un día antes de la demolición del Teatro Junín, por el radio periódico Clarín, Miguel Zapata Restrepo anunció: "Mañana la pica y la almadana empezarán a desmantelar el viejo teatro... La cornisa barroca que anunciaba las luminarias aztecas del celuloide, y que fuese testigo de tantos actos heroicos en el corazón de Medellín, no volverá a iluminarse más. El Junín ha cumplido su tarea y ahora sucumbirá como cuota de sacrificio ante el progreso... En la pantalla del viejo teatro quedarán resonando el eco de las balas de su última película: "Arizona Colt.

Hasta la muerte, el Junín tenía que ser siempre ruidoso. No habrá teatro que reemplace al Junín por mucho tiempo. Medellín que no lo quería en los últimos tiempos, palpará ahora que un gran coloso ha desaparecido para siempre.¡Y que gran falta hará!

También un periódico anunció: "Con la película Arizona
Colt cerró el teatro Junín de Medellín su temporada cinematográfica que comenzó en 1924. La función de despedida oficial comenzará mañana con un festival artístico en el cual tomarán parte, cantantes, duetos, tríos, solistas,conjuntos y orquestas, será a beneficio exclusivo del Hospital Infantil". 

El Teatro Junín hace parte del edificio Gonzalo Mejía, que interiormente está desmantelado desde hace algunos días. Su demolición externa empezará la próxima semana. En el lugar se construirá un moderno y airoso edificio, propiedad de la empresa Coltejer". 

Asistí a la función de despedida, hubo lleno completo. Este evento en verdad fue bastante largo y tedioso. Me retiré antes de que terminara por físico agotamiento, pero muy satisfecho de haber estado en la despedida de tan querido sitio.
Epicentro.
Comuna 10 en movimiento.



miércoles, 11 de marzo de 2020

TEATROS DE MI BARRIO

Teatro Santander.
Fundado en 1940.

Calle San Juan con carrera 88

En el año de 1940 la fracción del barrio La América tuvo un gran desarrollo. La carretera que la unía con "Medellín", fue arborizada y comenzó a llenarse de casas. Las calles del Barrio Cristóbal fueron pavimentadas con un costo de seis mil novecientos ochenta pesos, (6.185 metros asfaltados). y contaba con alcantarillado.

Cine Colombia en este mismo año construyó el Teatro Santander, con capacidad para 1.500 personas. 

Con el paso del tiempo se fue especializando en cierta clase de público. El Santander quedaba en la entrada del barrio Cristóbal, y se fue convirtiendo en el cine popular por excelencia, en donde sus clientes más fieles eran los estudiantes del liceo Salazar y Herrera fugados de sus labores escolares. 

Ellos armaban un despelote en el "gallinero" (Balcón del teatro), fumaban cigarrillo y arrojaban pepas de mango, escupas y mamoncillo a los espectadores. 

En cierta ocasión, en la que yo estaba, prendieron las luces mientras el padre Damián Ramírez, rector del Liceo Salazar y Herrera, entró al teatro y sacó a todos los alumnos que estaban "capando clase". Los llevó entonces en fila india hasta el colegio. Ahora funciona allí un depósito de materiales.

EL TERREMOTO

Estando aún muy pequeño, mis hermanos me llevaron a ver una película al teatro Santander que quedaba cerca de nuestra casa. Todo marchaba bien y disfrutábamos comiendo crispetas cuando las sillas comenzaron a moverse y se sentían ruidos en el techo. Todos salieron corriendo en la oscuridad de la sala saltando sobre los asientos en medio de una gran algarabía, mientras la película seguía proyectándose en la inmensa pantalla.

Comenzaron a caer pedazos del cielorraso, y por los boquetes que quedaros penetró la luz del sol formando columnas de luz amarillentas en el polvo que invadió el sitio. Quedé solo en medio de la penumbra cuando la tierra se aquietó, sin entender que había pasado. 

Entonces sentí que mi hermana, que había regresado, me jalaba fuertemente de la mano para sacarme del lugar. 
Al llegar a casa supe que había sentido el primer terremoto de mi vida.

LAS VISTAS



En mis tiempos escolares estaban de moda "las vistas", que eran los fotogramas de las cintas de las películas. Como las cintas eran de celuloide, a veces se reventaban o hasta se quemaban en el proyector, interrumpiendo la película. El operador tenía que arreglar el entuerto en el menor tiempo posible ante la protesta de los asistentes que le gritaban en medio de la silbatina: "Operador, soltá al muchacho"...

Los recortes de cinta inicialmente iban al cesto de la basura, pero al terminar la función el proyeccionista del teatro Santander nos vendía o hasta regalaba los pedazos de película. 

Entonces corría a casa para recortar los fotogramas para clasificarlos y ordenarlos según el tema que mostraran. Los que contenían la presentación del film, los protagonistas, paisajes, los cuadros, que eran las que mostraban las imágenes más bonitas. Los que presentaban el nombre de la película y el The End final, eran muy valiosos; y las vistas deterioradas o que no mostraban algo interesante, eran llamadas: "reques".

Pero el caramelo escaso eran las vistas que mostraban el beso que siempre se daban al final de la película. El que tuviera esta vista la podía intercambiar por varias que considerábamos de menor valor; y éramos expertos en el tema.

Teníamos un cuaderno destinado para guardar nuestra colección. Con una cuchilla hacíamos cuatro pequeñas muescas para empotrar cada vista, por categorías, como dije antes.

Los más avezados construíamos un proyector con una caja de cartón, un bombillo y una buena lupa. Si quedaba bien hecho, obteníamos una proyección de calidad muy aceptable que atraía una buena audiencia. Nos divertimos mucho con ese pasatiempo.

Lamentablemente al llegar la adultez cambiamos nuestro gustos, y el álbum quedó en el olvido. Al recordar esto me doy cuenta que añoro mi bello cuaderno y mis hermosas vistas.

domingo, 8 de marzo de 2020

PERSONAJES PAISAS.

En todos los pueblos de Antioquia se cuentan historias de "bobos", que dejaron su huella indeleble con sus divertidos dichos y ocurrencias. Muchos de ellos vivieron en Medellín; cuando era un pueblo grande.

Muchos de ellos, luego de conocer sus historias, parece que de bobos nada tenían.

Iré recopilando estas historias, de las cuales algunas surgen de las que he oído o leído, y que me parecen que se deben preservar para que las generaciones más jóvenes y las venideras las conozcan.

MARAÑAS


Fotografiado por Benjamín De La Calle en 1906

Foto de Nemesio Mejía Montoya, Marañas en sus 34 años.

El nacimiento de un dicho y una regla de prudencia al tomar decisiones.

Lo oí por ahí.

Dicen que Marañas iba por la calle cuando lo llamó una señora por la ventana: - 
Vení Marañas, entráte a mi cocina que te voy a dar un regalo muy bueno. Marañas entró con recelo y la doña le empacó en una totuma grande un poco de arequipe. (Resulta que la señora había visto que una cucaracha había caído en la olla) No era pues cierta su generosidad.

Marañas rechazó el regalo, y la señora extrañada le preguntó: 
- ¿Por qué no querés el arequipe Marañas? Si yo sé que te gusta tanto. Marañas le respondió: 
- "Muchas gracias mi doña, es que de eso tan bueno no dan tanto".
De bobo no tenía un pelo.

De Marañas, tanto hay para decir. Patisucio, gago y desgarbado, con su sombrero alón, una jíquera llena de herraduras, ruana en hilachas como el pantalón y niguas a granel, para mucha gente no era tan loco ni tan bobo como aparentaba sino el sujeto astuto y cauteloso, chistoso además y mal hablado en ocasiones. 

Envigadeño, sin dejar de ser estúpido hacía gala de ser talentoso y genial, se recuerda de él que era su especialidad recoger las herraduras que se soltaban de los cascos de las bestias para venderlas a los mismo dueños de éstas o a los herreros”. 
(Octavio Vásquez Uribe en su libro “Guayaquil por dentro”).




La noche que encendieron el primer alumbrado público en Medellín, había luna llena. Al iluminarse todo el parque, Marañas miró la luna y gritó esto a todo pulmón: 
- "Te jodites luna, andáte a alumbrar a los pueblos".


El día de la inauguración del alumbrado público fue el día 7 de julio de 1898 a las siete de la noche. se prendieron las primeras 150 bombillas de arco en el parque de Berrío.


“En cierta ocasión le preguntó un riquito de Palacé si tenía novia y pensaba casarse y le contestó: 
- “Ni que yo fuera bobo, pa’ qué novia y pa’ que mujer si con yo mismo tengo.”

Nemesio Mejía Montoya, más conocido como “Marañas” es junto con Cosiaca, otro legendario personaje de la picaresca paisa. Contemporáneo de Cosiaca (siglos XIX y XX. Cosiaca murió muy anciano en Medellín en 1910), quizá hasta se pudieron haber "topao" en algún paraje o camino antioqueño, el uno sin tener noción del otro, Marañas nació en 1872 en Itagüí Antioquia.

Este famoso personaje antioqueño llenó con sus dichos y ocurrencias la picaresca del siglo XIX y principios del XX. De ropas viejas y raídas, a pie limpio y con jíquera terciada en lugar de carriel.

Hombre de corta estatura, piel morena, cargado de espalda en su vejez, gago y sucio, tan sucio que tal vez no conoció más agua en su vida que la del bautismo, aunque paradójicamente sentía una enfermiza afición por los perfumes. Era analfabeta y le dio por vivir como un patojo desgreñado recorriendo a pie los caminos detrás de las recuas de mulas para recoger herraduras, las que vendía en las fraguas.

Andaba de un sitio para otro bien acogido y celebrado por la gente. Era señalado como “el bobo del pueblo” más característico de su tiempo. Todos lo querían y le daban para vivir. Por habitación tenía un arruinado trapiche a orillas del río Medellín, a donde llegaba de noche, pasado de copas que la simpatía general le brindaba, a dormir “la mona” al arrullo del mismo “Aburrá” (que así se conocía también en aquella época el río Medellín). Nunca trabajó porque, según decía, “el hombre es de barro y se rompe fácilmente”.

Se dice que don Tomás Carrasquilla (1858, Santo Domingo Antioquia – 1940, Medellín Antioquia) pudo conocerlo personalmente, y fue tanto el cariño y aprecio que le tuvo, que se inspiró en él para crear el personaje de Peralta en el cuento “En la diestra de Dios Padre”.

Cosiaca no fue el único avispado que logró vivir de la caridad en la antigua Medellín. Sus ocurrencias convivieron con aquel muchachote que a su paso largaba una estrepitosa carcajada que con frecuencia hizo avergonzar a la élite local. Con dotes de bobo y filósofo Marañas demostró tener la inteligencia suficiente para comprender su realidad. Durante la crisis económica producida por la guerra civil de los mil días aquel sabio vagabundo argumentó que no había crisis alguna, ya que no desaparecieron ni ricos ni tampoco los pobres. Algunos de los primeros cambiaron los puestos con algunos de los segundos. No más. Así transcurrió su vida, tranquila y feliz.


MAJIJA


José Antonio Ramírez, Majija.
Fotógrafo: Gabriel Carvajal Pérez. 1957
Majija ¿quién es bobo de tu casa?: 
- "el bobo de mi casa es mi hermano, que es el que trabaja".

De Majija se recuerda entre muchas, esta anécdota:

Estaba en los años cincuenta un señor, llamado Alfredo, haciendo “cola” para ingresar al cine con su novia y se le acercó Majija a pedirle una limosna, mi tío sacó de su monedero un billetico de los de 50 centavos, los que llamábamos “Lleritas”. Ante tal generosidad la expresión del “bobo” de Majija fue precisa: 
- “¡Ah, vos tan bobo, con cinco centavos hubieras quedado bien!”. Los personajes no eran pues tan bobos o tontos.

Fue el bobo de la época moderna, amigo del cine, los deportes y hasta de la televisión. Su indumentaria hecha de remiendos necesarios, urgentes y necesarios al principio, estuvo finalmente lleno de "remiendos" en colores vivos, bien definidos para llamar la atención. Usaba un sombrero de copa alta y de anchas alas; estilo mejicano, que sobresale entre la concurrencia de la calle Junín. Allí en la tarde entre la concurrencia de pipiolos ociosos, conocidos como "Los titinos", le hace la corte a las niñas que transitan. 

Gozó Majija de gran simpatía. Alguna vez alguien le dijo que lo estaban buscando para actuar en una película de cine, pero él contestó que no dejaba su vida en la calle Junín por ninguna plata. En alguna ocasión que viajó a Bogotá, de donde regresó a los pocos días; le preguntaron la causa de su rápido regreso, dijo que en Bogotá  la profesión estaba muy desgraciada, pues había mucha competencia.


Una vez un médico se ofreció a operarlo gratis de la nariz y curarle la tartamudez. pero Majija le respondió: - ¿Y entonces que hago yo con mi profesión dotor? Suponía que sin esos atributos perdería su personalidad y de la simpatía de la que gozaba; y de su bobada, que explotaba con la fuerza y cálculo de un antioqueño de tuerca y tornillo.

Estuvo varias veces en el Club Unión como invitado especial, vestido de smoking, donde se paseaba por los lujosos salones disfrutando los platos y vinos de los ricachones de la ciudad y divirtiendo a los presentes con sus ocurrencias.

Estaba Majija en una reunión en el Club Unión, vestido de frac y descalzo. Cuando un rico bogotano que no lo conocía, preguntó quién era ese exótico personaje, a lo que un paisa le contestó:
- Es un bobo que siempre traemos a las fiestas, venga mire como es de bobo. El paisa saca un billete de 10 pesos, uno de 5 y otro un peso y le dijo a Majija: 
-  Escoja un billete. y el bobo escoge el de uno. El rolo no se quedó con la intriga y le dice a Majija, que por qué escoge el de peso, si los otros valen más. Majija responde: 
- Ah, vos si sos bobo, si escojo el de peso, no me vuelven a preguntar.

Majija se sirvió a las mil maravillas de su profesión de tonto aparente. No trabajaba, se emborrachaba sin pagar y comía hasta hartarse por igual y cómodo sistema. 
Fuente: Libro "Moscas de todos los colores" de Jorge Mario Betancur Gómez.
Editorial Universidad de Antioquia.

A Majija lo acusaban de ser “jujujú”, o sea de mirar con ojos golosos a los muchachos, cosa que lo sacaba de quicio. Fue el frenillo de su labio leporino el que lo hizo acreedor al apodo, cuando algún guasón al verlo pasar por la calle le gritó: “¡Maricaaaaaa!”, y él contestó: “¿Majija io? Maj majija ej ujté. ¡Majijaaaaa!”. 

Ahí le quedó el apodo como un sombrero, y nunca más volvió a quitárselo de la cabeza. No sabía yo que él hubiera estado en México y participado en la filmación de alguna película, seguramente como extra. 

No sería raro, puesto que no solo se dice que él era de una familia adinerada de Sonsón, sino que sus extravagancias eran patrocinadas por la alta sociedad de Medellín que lo había adoptado como bufón oficial en sus tertulias del Club Unión y en ceremonias de fuste, para lo cual le alquilaban un traje de etiqueta de cola de pato como decir frac, levita, sacoleva, smoking, y sombrero de chistera; o lo que estuviera estipulado para la respectiva ceremonia de corbata negra, que decían. 

Los caballeros iban con calzado encharolado de impecable brillo, pero Majija usaba la indumentaria descalzo, porque decía que los zapatos lo maltrataban. Cuando no vestía de etiqueta, algunos lo recuerdan vestido de arriero antioqueño con un poncho doblado a lo largo que colgaba del hombro izquierdo como una estola, y con una paruma o delantal de tela gruesa por delante que colgaba de la cintura a las rodillas.

Majija murió en Medellín el 19 de mayo de 1973.


MASATO




José María de Jesús Jaramillo Quiceno, personaje antioqueño de Titiribí. Dueño de cierto grado de conocimientos como autodidacta, posaba de “filósofo” ante la masa ignorante. Una de sus expresiones de esa índole era la siguiente:

- "¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?" Y al instante contestaba como un maestro: 
_ "El nido”. 

En la plaza de mercado de Guayaquil o de Cisneros, tuvo un espacio comercial o cómoda con un aviso que rezaba: "El Tonel de Diógenes”, desde donde esparcía su sabiduría popular.

El Tonel de Diógenes: "Antro de sabiduría para el bien de la humanidad. Yo estoy aquí y el huevo nació parao".  Aseguró hasta el cansancio que el poema Anarkos se lo había robado Guillermo Valencia. 
Esto contó el periodista Gildardo García Monsalve en una entrevista:

- "Donde viví experiencias inolvidables fue en el café Madrid. Allá si hubo anécdotas: ¿Has oído hablar de Masato?, él tenía una venta de sirope en Guayaquil, tenía un barril grande con Diógenes y se le había metido en la cabeza que la poesía de Guillermo Valencia se la habían robado a él. 

Este tipo hablaba de los griegos, era un hombre gordo que una vez entró al café Madrid vendiendo tinto; él siempre iba por que le dábamos pesitos; una vez llegó jodiendo bastante y llegó un policía para retirarlo y él no se quería ir. Hasta que el agente lo sacó. Masato se volteó y le dijo: 
- ¿Hijo de puta, ¿no te das cuenta que estás sacudiendo a Grecia?.


CUSTODIO. 

Por Guayaquil se pasaba este hombre que fue sacristán en la Iglesia de La Veracruz; hasta que el padre Henao lo sorprendió robando  las limosnas que dejaban los fieles. Desde entonces anduvo por la Plaza de Cisneros cantando esta tonadilla:

Custodio cantaba así: 

"Y de la iglesia me echaron
dizque porque era ladrón;
calumniadores malditos
que Dios no les dé perdón".

Los ladrones brotaron por miles durante este período en Medellín, a pesar del sino de tragedia que rodeó a los amantes de lo ajeno y de la persecución estrecha y vigilante de las autoridades."No hurtar" predicaban obispos y sacerdotes. Con persistencia condenaron la violación del séptimo mandamiento.
Fuente: Libro "Moscas de todos los colores" de Jorge Mario Betancur Gómez.
Editorial Universidad de Antioquia.



COSAS DE GUAYAQUIL.

Corría el año del no me acuerdo cuando en la antigua Plaza de Cisneros, sitio que hoy ocupa un monumento a las jeringas y en honor a la penicilina que en ese entorno se usó para combatir la blenorragia, un puesto de comerciante de verduras tuvo como dueño a un admirador de la trova. 
Fiel a su gusto se leía en una cartulina bien cuidada la siguiente:

“Bendito sea Noé
que le dio la cresta al gallo
goligotico al caballo, 
y pico al diostedé. 
A la mujer le dio por dónde 
y al hombre le dio con qué.”
Autor: Jaime Jaramillo Panesso



LA MUÑECA MODERNA


Foto de Jairo Betancur Álvarez

”La Muñeca”, apodo de María Ortega, oriunda de Jardín (Ant.), que enloqueció a raíz de la muerte de su esposo.

Llegó a Medellín y se hizo célebre por los vestidos mañés y vistosos y por sus escándalos amorosos. Jorge Negrete, el actor y cantante mexicano, su héroe y amante platónico. Luego lo cambió por el General Gustavo Rojas Pinilla. 
Así le cantó Jorge Robledo Ortiz:

“La ancianita vencida se murió sin reproche
mientras en las canecas recogía la noche”. 


LA PIRAGUA

Fue célebre “La Piragua”, una graciosa y vulgar loquita del centro, cuya diversión favorita era agarrarle los genitales a los hombres que se atravesaban a su paso, mientras emitía una sonora carcajada de bruja. Dice la leyenda que este personaje tenía dos hijas profesionales que estudiaron en el exterior en medio del lujo y la comodidad. 

Cuentan que un día, ya cincuentona,  de minifalda y escote, greñuda y mueca, entró a la alcaldía de Medellín y recitó su programa de gobierno y gritó con certeza: 
-"¡Yo soy la alcaldesa!".

Antes de que la callaran y la sacaran a la fuerza, la verdadera alcaldesa salió de su despacho, sonrió y exhortó a los policías para que no le derrocaran la ilusión ni le dieran un golpe al estado de ánimo que proclamaba con tanta efusión. 
-Suéltenla que no nos está haciendo daño.


Era La Piragua, famosa en el parque de Berrío, donde perseguía a los funcionarios para tocarles sus partes íntimas. Justo un día cambió su repertorio de bromas y, en vez de agarrar las nalgas y echar piropos, alzó su voz con decoro y declamó un discurso jocoso inspirado en la primera mujer de la historia de Medellín que había llegado a la alcaldía, Sofía Medina de López Villa.


GUINEO


León Zafir y Guineo. S. F. Toto de Carlos Rodríguez

“Guineo”, Manuel Santamaría,  personaje de Rionegro (Ant.). Su nombre Manuel Santamaría. Se enfurecía cuando alguien le decía su
apodo y comenzaba un rosario de madrazos o hijueputazos. Dicen los chismosos que un día se cayó al río, mientras en la orilla le gritaban “Guineo”. Entonces el obsesivo, cuando se hundía, sacó la mano y les hizo “pistola”. 

COSIACA


Cosiaca. Foto de Melitón Rodríguez. 1898

Este personaje si duda es el que más historias ha aportado al país Paisa. Desde nuestra infancia los abuelos y muchachas del servicio nos contaros las aventuras de este hombre, que se las ingeniaba para conseguir bebidas y comida sin pagar un peso. Aventurero y parrandero, andaba de pueblo en pueblo, y de fiesta en fiesta.

José García, ese era su nombre,  no era precisamente como se le conocía. Cosiaca es el nombre con que todos recuerdan a este popular personaje del siglo XIX y principios del XX. Para ningún antioqueño es desconocido Cosiaca, un simple vagabundo que deambuló por las calles de Medellín y algunos municipios de Antioquia y que se hizo popular por las ocurrencias con que siempre contestaba, a veces divertidas y otras vulgares.

No se precisa el lugar donde nació, unos dicen que en Envigado, otros, que en Heliconia o Jericó. Tampoco se conoce su fecha de nacimiento. Su fama la hizo debido a su forma de ser y de responder a lo que le dijera la gente. 

Alrededor de Cosiaca giran muchas historias que lo han mitificado. Sus cuentos son muy conocidos y no hay testamento del paisa que no los cite. Murió muy anciano en 1910 en la casa de los pobres, donde lo atendieron las religiosas.


Cosiaca en el ancianato
Cuenta Javier María en la revista La Hoja de Medellín, que como último deseo antes de morir, una monjita le preguntó a Cosiaca que si quería alguna cosa o alguna petición. Cosiaca le pidió que le llevara un médico y un abogado. Cuando llegaron los dos personajes al asilo, los hizo sentar cada uno al lado de la cama, pero Cosiaca permaneció en silencio. Ante la tensión del cuarto, la monja le preguntó que para qué los había hecho llamar y él contestó: “como yo me estoy muriendo, quiero que sea como Jesuscristo, en medio de dos ladrones”.
Fuente; Foto y parte del texto: Biblioteca Pública Piloto de Medellín.


En Heliconia Antioquia, entra Cosiaca a un restaurante y pidió que le sirvieran un almuerzo como se lo daban en la casa, cuando terminó de almorzar, salió del restaurante sin pagar la cuenta, cuando el dueño del restaurante fue trás él y le dijo enojado que le pagara la cuenta. Cosiaca respondió: 
- Señor yo le pedí que me diera un almuerzo como me lo daban en mi casa y bueno en mi casa no me cobran”; y se fue dejando al dueño del restaurante sin palabras.

Cosiaca tenía la costumbre de meterse en el confesionario de la iglesia de Heliconia, todas las viejitas se empezaban a confesar tranquilamente, pensando obviamente que era el sacerdote de la iglesia, en cualquier momento Cosiaca salía del confesionario y a las viejitas solo les quedaba insultarlo, pero él ya se les sabía los pecados.

Una noche se fue a merendar a un restaurante;
– Vea, señora: sírvame un chocolatito.
– Sí, señor, Demás.
– Pero en una tacita grandecita y bien parviao.
– Sí, señor.

Entonces Cosiaca se sentó en una fonda a beber  chocolate y a comer. Y así que ya terminaba, sacó del bolsillo unas cucarachas que había lleva’o y las echó en la taza, con harto disimulo y comienza a gritar de esta manera:
– ¡Gas!; virgen ¡gas!

Y haciendo arqueadas. Haciendo arqueadas.
– ¿Qué le pasó, señor? ¿Qué le pasó?
– ¿Qué clase de fonda es ésta? ¡Gas! ¡Auf! Vea las cucarachas que me encontré. ¡Gas!
– Haga silencio, señor – Suplicaba la señora -¡Calle la boca! ¡Mire que está mirando todo el mundo!
– ¡Gas! ¡Gas!
– Ay, señor. Mire; bien pueda váyase y no le cobro la merienda.

Y Cosiaca, que esto ero lo que esperaba s lió satisfecho. Comió y merendó y nada le costó.

Oí una historia que ocurrió en Medellín. Resulta que el párroco de la Iglesia de La Candelaria le prestó una piecita que había en el fondo del templo. Cosiaca dizque cogió la costumbre de sacar al atrio los calzoncillos mientras se secaban.

La gente cuando pasaba comenzaba a gritarle:
-- Cosica, cochino... cochino.
Entonce el se embejucaba y les descargaba madrazos.


EL BOBO DEL PUEBLO

Cañasgordas es un pueblo situado en el occidente de Antioquia. Tuve la suerte de cursar mi primero de bachillerato allí, y por eso pude conocer las costumbres, palabras y paisajes de esta bella tierra paisa. En ese tiempo había varios personajes, de esos que llamábamos los bobos del pueblo. Recuerdo a La Chamaca, Tuco, La Yipeta y Pun.


LA CHAMACA

La Chamaca era una mujer ya entrada en años que recorría las calles podiendo limosna y cargando montones de trapos viejos. Vivía en una diminuta piecita que le prestaban en el teatro El Dorado. Aunque su aspecto causaba miedo, era respetuosa y nunca la vi haciendo nada indebido.


LA YIPETA

La Yipeta era un hombre delgado y de baja estatura, pero con una fuerza descomunal. Se ganaba la vida haciendo acarreos con una silleta en las espaldas, que ceñía en su frente. Lo vi cargando cosas tan pesadas como muebles, neveras y materiales de construcción. Aunque no parecía loco ni bobo, a simple vista su aspecto desarreglado podía confundirnos.


TUCO


Tuco, era ya un hombre muy anciano que
vendía el periódico El Correo. Vestía un traje deshilachado, y un sombrero raído. Tenía grandes ojeras y andaba descalzo. Su aspecto se me asemeja mucho al del personaje Suso el Paspi. No sé si Dany Alejandro Hoyos se inspiró en Tuco, o fue pura casualidad.


PUN

Pun era el tío de mi cuñado. Integrante de una familia Marinilla muy distinguida en el pueblo. Seguramente tenía algún problema mental. Andaba bien vestido y su aspecto no revelaba que tuviera alguna afección.

Aún no entiendo porqué algunas personas gozaban molestando a personas con alguna discapacidad; y esto era lo que pasaba con Pun.

Pun era un hombre calmado, calmado hasta que alguien le indilgara su apodo. Nunca había visto a alguien tan bravo. Cierta vez un chistoso apostó con un amigo a que le decía tres veces Pun a Pun, en su propia cara, sin que este se enojara. 

Acordado esto, todos salieron a buscarlo, hallándolo en la calle Santander, cerca de donde vivía. Los curiosos se fueron acomodando en las aceras y en los balcones hasta que el apostador se le acercó discretamente y comenzó a decirle en voz alta: 

- Imagínese que ayer tuvimos una fiestota... pum lo miraba calmado y curioso, interesado en la historia.

- Entonces... (continuó el hombre) sacamos la pólvora y repartimos voladores... pun se veía ciertamente interesado y la asistencia contenía el aliento, porque si pun se emberracaba los agarraba a
todos a piedra. 

- Que si vieras que voladores tan buenos de tres tacos, yo prendí con cuidado la mecha del mío y voló zumbando así: 

- ZZZZ. El loquito asustado se le alejó un poquito y luego recogiendo una piedrota se le acercó amenazante al tiempo que le decía:

- ESTALLÁ GRAN H.P. estallá y verás...